—Esta es Lauren —la mujer presentó a una chica alta, de cabello rizado color dorado. —Ella les mostrará las mejores piezas.
—Por favor, pueden venir por aquí. —dijo Lauren, señalando el mostrador, al lado del que estaba Ethan con su novia.
Rafa intentó ignorar la presencia del jefe, acompañando a Tácio y a la mujer hasta donde ella comenzaría a mostrar las alianzas. Pero cuando pasaron por la pareja, no pudo esquivarse de Eva.
—Rafaela. Qué sorpresa verte por aquí —dijo Eva, pero con la mirada fija en Tácio.
—Realmente, es una sorpresa para mí también. ¿Cómo está, señorita Eva?
—Estoy muy bien, gracias. Hoy es un día muy especial para mí, pues Ethan y yo vamos a elegir nuestras alianzas. —Había cierta provocación en la voz de Eva, pero era muy difícil identificarla de primera.
—Qué bueno, me alegro por ustedes —fue lo que consiguió responder.
—Veo que estás bien acompañada —continuó Eva. —¿Ese es tu novio? —preguntó.
—Bueno, este es el…
—Hola, me llamo Tácio Duarte. —Tácio interrumpió la respuesta de Rafa.
Al oír el nombre del hombre, Ethan, que hasta el momento estaba en silencio, no pudo contenerse de enviar una mirada sarcástica a Rafaela, que reviró los ojos de inmediato.
—Soy Eva Thompson y este es mi futuro prometido, Ethan Smith.
—Es un placer conocerlo. —Apretó la mano de Ethan.
—El señor Smith es mi jefe —explicó Rafa a Tácio.
—Ah, qué interesante. Espero que hagan una buena elección. —dijo Tácio, en relación a las alianzas.
—Creo que ya podemos irnos —dijo Rafa, esperando que aquel encuentro llegara a su fin. —No queremos interrumpirlos.
—Muy bien, fue un placer conocer a tu novio, Rafaela —respondió Eva.
—Él no es…
—Igualmente, fue genial conocer al nuevo jefe de Rafa y a su prometida —una vez más, Tácio interrumpió su frase.
Los dos caminaron hacia el otro mostrador, donde Lauren comenzó a mostrar los pares de alianzas más hermosos que Rafaela había visto en su vida. Como el número del anillo de Antonella, la hermana de Tácio, era el mismo que el suyo, Rafa probó todos para que Tácio eligiera el más bonito. Por más que no quisiera crear ningún tipo de expectativa, estar allí, eligiendo alianzas con Tácio, la dejaba nostálgica, por recordar todos los sueños que ya tuvo con él.
¿Será que algún día estaría en un lugar como ese, acompañada del amor de su vida, eligiendo las alianzas para la boda de sus sueños?
Ese pensamiento invadía su mente mientras Lauren hablaba sobre la calidad del oro y la gramatura de los diamantes.
Las cosas serían aplazadas por un buen tiempo, porque aún no tenía un novio y ahora tardaría más en encontrar uno, pues estaba esperando un hijo.
Sumergida en sus pensamientos, no había notado que había un par de ojos quemándola hasta el alma. Desde que entró allí, Ethan no había quitado los ojos de ella ni un minuto.
Él ya estaba nervioso por tener que estar allí con Eva, comprando algo que estaba haciendo lo posible por aplazar, y ahora, ver a su secretaria con el hombre del que sabía que a ella gustaba, lo estaba dejando incómodo.
—¿Qué te pareció esta, Ethan? —preguntó Eva al prometido. Pero él no respondió nada, pues tenía los ojos fijos en algún lugar.
Mirando hacia donde Ethan estaba mirando, Eva vio a Rafaela probándose un anillo. Aunque no se sintiera insegura con respecto a la secretaria de su novio, por considerarse mejor que ella en todo, no le gustaba ver a su futuro marido tan hipnotizado por una mujer común.
—¿Por qué la miras tanto? —preguntó Eva al prometido.
—¿De qué estás hablando? —dijo él, volviendo su mirada hacia Eva.
—Ella está con el novio; por lo que veo, también están eligiendo alianzas.
—¿Y qué tengo yo que ver con eso? —preguntó nervioso.
—Me alegra saber que tiene un hombre que la controle. Si tu secretaria fuera soltera, te pediría que pusieras a otra persona en su lugar.
—Cuánta tontería, Eva. ¿Por qué no eliges ya ese anillo y volvemos a casa?

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