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Destruí al hombre que salvé romance Capítulo 5

En cuanto preguntó eso, la mirada de Raimundo se posó sobre su rostro.

Era una mirada fría y distante, llena de ese típico escrutinio de la gente poderosa.

A Leire le ardió un poco la cara, pero no podía darse el lujo de sentir pena.

Necesitaba el dinero desesperadamente; su madre la esperaba en el hospital. No estaba en posición de ser orgullosa.

Felipe miró a su jefe y, al ver que Raimundo no tenía intenciones de hablar, respondió de forma profesional:

—En cuanto al pago, se le dará un adelanto al firmar el acta, y el resto se liquidará al terminar los tres años y concretar el divorcio de manera pacífica.

Mientras hablaba, levantó una mano con los cinco dedos separados.

Se refería a cinco millones.

Ese monto cubría el matrimonio en sí y todas las obligaciones de los próximos tres años.

Pero Leire nunca en su vida había visto tanto dinero.

Sus ojos brillaron y soltó sin pensarlo:

—¿Quinientos mil?

La mano de Felipe se quedó congelada en el aire.

La mano con la que Raimundo sostenía su café también se detuvo.

Él levantó la mirada y observó a la chica con una expresión indescifrable.

Al ver que ninguno decía nada, a Leire le entró el pánico.

¡Ay, no! ¿Será que pedí demasiado?

Se apresuró a explicarse:

—Ya sé que quinientos mil pesos es bastante, pero voy a fingir estar casada con el señor Quiroga por tres años, tendré que estar siempre disponible y además cuidar de él.

—En tres años voy a ser una mujer divorciada. Si suma los daños a mi reputación y mi trabajo, quinientos mil realmente no es tanto.

A Felipe le tembló la comisura de la boca; quería reírse, pero no se atrevía.

Miró a su jefe por instinto.

Raimundo bajó la taza lentamente y habló con un tono neutral:

—¿Crees que tres años de tu vida solo valen quinientos mil pesos?

Leire se quedó pasmada. ¿Acaso había pedido poco?

Tragó saliva y se arriesgó a lanzar una cifra más alta:

—¿Acaso son... cinco millones?

Al decirlo, ella misma sacudió la cabeza en su interior.

¿Cómo iba a ser posible?

¿Cinco millones por un matrimonio falso? ¿Acaso estaban locos o les sobraba el dinero?

Pero si no eran cinco millones, tampoco podían ser cincuenta mil, ¿o sí?

Por cincuenta mil pesos, preferiría ir a trabajar de obrera a una construcción.

Por miedo a que se arrepintieran, apretó los dientes y dijo con firmeza:

—Quinientos mil, ni un peso menos, señor Quiroga. De verdad me urge. Si hoy mismo firmamos el acta de matrimonio y el dinero cae en mi cuenta, cooperaré en todo.

Felipe se aguantó todo lo que pudo.

Sugirió en voz baja:

—Señorita Saldívar, la verdad es que el señor Quiroga se refería a...

—Felipe —lo cortó Raimundo con voz gélida—. Bien, que sean quinientos mil.

Capítulo 5 1

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