Felipe, que se había contenido todo el camino, no aguantó más en un semáforo.
—Presidente Quiroga, ¿no deberíamos darle los cuatro millones y medio que faltan?
Raimundo cerró los papeles con rostro inexpresivo:
—No. Ella misma fue quien pidió quinientos mil.
La voz de Raimundo sonaba totalmente fría, casi malvada.
Felipe cerró la boca en silencio.
Estaba bien, si el jefe era feliz, así sería.
El auto avanzó un tramo y Felipe miró por el espejo retrovisor.
—Presidente Quiroga, la familia Ibarra volvió a llamar, preguntan cuándo va a ir a visitarlos.
Raimundo ni siquiera levantó la vista:
—No iré.
Felipe fue prudente y cambió de tema:
—¿Entonces lo llevo a su departamento?
—Sí.
Felipe dudó un instante y habló con nerviosismo:
—El doctor Lima dijo que sus problemas de la vista son más frecuentes últimamente y que es mejor que no salga sin compañía.
El rostro de Raimundo se oscureció al instante:
—Hablas demasiado.
Felipe se calló de inmediato, sintiendo un escalofrío en la nuca.
A los pocos segundos, cumplió con su deber y añadió:
—Mañana que se mude la señorita Leire, le explicaré todos los cuidados que debe tener. Aunque, el asunto de su vista...
—No le digas nada.
Raimundo se recostó en su asiento con el ceño fruncido:
—Solo tiene que limitarse a seguir el acuerdo.
...
Cuando Leire llegó al hospital de su pueblo con el suero, ya era medianoche.
Después de que le inyectaron la medicina a su madre, el ceño fruncido de la mujer se relajó y su respiración se estabilizó.
Leire sintió que le volvía el alma al cuerpo y se dejó caer agotada en una silla, sacando su celular.
Al mirar la pantalla, dio un respingo.
No se había dado cuenta de que el celular estaba en silencio; estaba lleno de llamadas perdidas y mensajes.
Felipe le había enviado la ubicación del departamento.
—Señorita Leire, esta es la dirección del departamento del señor Quiroga. Por favor, llegue antes de las nueve de la mañana para mudarse.
El mensaje era de hacía dos horas.
Leire contestó rápido:
—Una disculpa, asistente Felipe, apenas vi el mensaje. Estaré ahí muy puntual.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Destruí al hombre que salvé