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Destruí al hombre que salvé romance Capítulo 7

Leire tomó el autobús y, siguiendo la ubicación que le envió Felipe, llegó al Condominio La Isla a las ocho y cuarenta de la mañana.

Los guardias de seguridad llevaban uniformes impecables y estaban de pie firmes como postes.

Apenas se acercó con su maleta, la detuvieron.

Alguien ya les había avisado, pues tras revisar su identificación, le dieron el acceso temporal en el sistema de seguridad.

Leire dio las gracias y entró.

El Condominio La Isla era enorme, estaba lleno de árboles y se sentía tan tranquilo como un parque privado.

Siguió el mapa en su celular hasta el edificio 3.

Era una torre exclusiva de seis pisos, con grandes departamentos y un elevador privado.

El elevador la llevó directo al tercer piso. Al abrirse las puertas, la recibió un vestíbulo espacioso.

Leire se quedó frente a la pesada puerta de entrada y sintió que le sudaban las manos.

En ese lugar, un metro cuadrado costaba una fortuna. Era la primera vez que pisaba un sitio así, y jamás imaginó que algún día viviría ahí.

Tomó aire y tocó.

La puerta se abrió casi de inmediato.

Felipe, impecablemente vestido de traje, le dijo en voz baja:

—Señorita Leire, el señor aún está durmiendo, por favor no haga ruido.

Leire miró el reloj por instinto.

Eran casi las nueve.

El tal señor Quiroga seguía dormido.

Pero no preguntó nada y asintió obediente:

—Entendido.

Felipe le dio un recorrido rápido.

El departamento tenía más de trescientos metros cuadrados. Estaba decorado en tonos negros, blancos y grises, limpio y amplio, pero tan frío que parecía que nadie vivía ahí.

La sala tenía grandes ventanales que daban al jardín principal. Contaba con una sala de descanso, un comedor elegante, cocina doble y una enorme sala de estar.

La recámara principal estaba al fondo, junto a una sala médica, y el estudio estaba bajo llave.

Felipe señaló esas puertas con tono serio:

—La habitación principal, la sala médica y el estudio son lugares a los que no puede entrar sin autorización.

—Normalmente, solo tendrá que estar al tanto de lo que necesite el señor y asistirle en lo que pida.

Leire tomó nota mental:

—Muy bien, lo entiendo.

Capítulo 7 1

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