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Divorciada del CEO, Heredera del Mundo romance Capítulo 121

Lo primero que vio fue una enorme costra de sangre. Aunque era una herida superficial, parecía profunda, con la piel y la carne pegadas…

Solo de verlo, a Sofía se le erizó la piel.

—¿Cómo es que…?

Antes de que pudiera terminar la frase, miró a Adrián, conmocionada.

—Fue de ese día…

Ese día, en la puerta del kínder, él la había protegido con el codo. ¿Se habría lastimado entonces?

Pero en ese momento, Adrián apenas había mostrado expresión alguna, y no parecía herido en absoluto.

—Sí —respondió Adrián, inclinándose—. Tienes un botiquín, ¿verdad? Ayúdame a cambiar el vendaje.

—¿Y por qué crees que puedes darme órdenes?

Sofía replicó por instinto, pero Adrián la ignoró por completo. Cerró los ojos y simplemente esperó.

Resignada, Sofía fue a buscar el botiquín.

Al fin y al cabo, había una cosa cierta: Adrián la había protegido.

Aunque solo fuera por Valentina.

El cuerpo de Adrián era pesado, y Sofía sintió que estaba atendiendo a un rey. Tardó una eternidad en ayudarlo a quitarse la mitad de la camisa.

El brazo musculoso y definido del hombre quedó al descubierto. La zona ensangrentada y pegajosa del antebrazo hacía que su piel pareciera aún más pálida en comparación.

Pero Sofía nunca había tratado una herida externa tan grave y no sabía por dónde empezar.

Sostuvo un hisopo de algodón en el aire durante un buen rato antes de bajarlo lentamente.

Adrián solo frunció el ceño, sin decir una palabra.

—¿Te duele? —le preguntó Sofía sin poder evitarlo, sin atreverse a mirar la herida directamente.

—¿Tú qué crees? —dijo Adrián con voz neutra.

—¿Por qué no fuiste al hospital? ¿Elena no te la curó?

Sofía no entendía. Incluso si se había herido por su culpa, no tenía por qué usar su propio cuerpo para ponérsela difícil a ella, ¿o sí?

—No tuve tiempo —dijo Adrián.

Elena le había insistido en que fuera a cambiarse el vendaje todos los días, pero en cuanto Adrián regresó a la oficina, se olvidó por completo del asunto.

Sofía se concentró en limpiar la herida durante un rato.

Después de quitar los restos de sangre, finalmente le aplicó el medicamento.

Durante todo el proceso, la respiración de Adrián se volvió un poco más pesada, y el rostro de Sofía también estaba tenso.

Cuando por fin terminó, Sofía estaba sudando.

—Listo…

Le susurró, tirando un poco de la camisa de Adrián para cubrirlo.

Adrián estaba de lado, con medio cuerpo prácticamente expuesto.

Desde el brazo hasta el pecho, las líneas de sus músculos se marcaban con más definición. Era difícil no fijarse.

—Ya es tarde, deberíamos irnos.

Sofía miró la hora. Ya llevaban más de una hora de retraso sobre lo previsto.

Adrián se subió la manga y se levantó lentamente, pero su cuerpo se tambaleó y volvió a caer de lado.

Sofía estaba justo a su lado y lo atrapó al instante.

Su cuerpo era pesado y cayeron juntos en el sofá, abrazados.

El rostro de Adrián quedó apoyado en el de Sofía, sus labios rozando suavemente su mejilla. Su aliento era como fuego y le quemaba la piel, un dolor punzante y ardiente.

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