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Divorciada del CEO, Heredera del Mundo romance Capítulo 165

—¡Cuidado! —gritó Sofía, horrorizada.

Lucía y Valentina estaban juntas. Si le arrojaba el agua, no solo Lucía, sino también Valentina, saldría lastimada.

Sin pensarlo, se interpuso y extendió la mano para bloquear el impacto.

El té caliente ya había sido lanzado, pero la mayor parte cayó sobre la mano y el brazo de Sofía. El dorso de su mano se enrojeció al instante.

La señora Campos se quedó paralizada por unos segundos. Sofía, aguantando el dolor agudo, le arrebató la taza de las manos y la estrelló contra la mesa.

—¡¿Está loca?! ¡Es su propia hija!

—Yo me encargo de mi hija, ¿qué tiene que ver contigo, una extraña? ¡Te lo mereces!

La señora Campos no se había dado cuenta de que había cogido una taza de té caliente.

Pero no sentía que hubiera hecho nada malo. Al contrario, consideraba que Sofía se estaba haciendo la buena delante de ella y su hija, ¡seguro que con malas intenciones!

—¡¿Por qué le habla así a mi mamá?!

Valentina ya estaba muy asustada, pero al ver la mano de Sofía, completamente roja e hinchándose por momentos, sintió un dolor inmenso.

—¿Y qué si le hablo así? Tu mamá ya tiene una hija, ¿necesita andar robando las de los demás?

Con Valentina, la señora Campos tampoco tuvo miramientos.

Lucía corrió hacia ellas. También estaba preocupada por Sofía, pero temía enfadar más a su madre, así que solo pudo llorar y suplicarle que se fueran a casa.

Valentina estaba tan enfadada que se le llenaron los ojos de lágrimas.

—¡Señora! A usted no le importa su propia hija, y mi mamá, de buena fe, le organiza una fiesta de cumpleaños, ¿por qué es tan irracional?

Sofía siempre la había protegido con valentía, y ahora ella también quería proteger a su mamá.

Al ver a su hija llorar de rabia, Sofía no pudo contenerse más. Cuando la señora Campos intentó llevarse a Lucía, la detuvo.

—Señora Campos, ¿así es como trata normalmente a su hija?

Sofía miró a Lucía, que lloraba a su lado sin poder consolarse. Sospechaba que en casa la maltrataban, pero no tenía ninguna herida visible en el cuerpo.

—Yo me encargo de mi hija, ¿va a dejarme en paz de una vez? —La actitud de la señora Campos seguía siendo muy hostil.

—¡La otra señora tiene razón, no debería tratar así a una niña!

—Pero si solo tiene unos pocos años, ¡con tantos gritos la ha asustado!

Las miradas de los otros clientes se centraron en ellas. Entre los murmullos, alguien incluso alzó la voz para defender a la niña.

La señora Campos, temiendo que la situación se complicara si se quedaba, y sin ganas de seguir discutiendo con Sofía, agarró a Lucía del brazo y trató de irse a la fuerza.

Sofía, sin importarle su herida, la sujetó con fuerza.

Ejerció un poco más de presión, y la señora Campos, al no poder soltarse, volvió a estallar.

—Hoy te has llevado a mi hija y ni siquiera te he dicho nada, ¿y ahora te pegas a mí como una lapa? ¿Qué demonios quieres?

—Me ha quemado la mano. Esto es una agresión, voy a llamar a la policía.

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