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Divorciada del CEO, Heredera del Mundo romance Capítulo 191

Solo había escuchado a Elena decir que la señorita que salvó a Lucía había arriesgado su propia vida y que también estaba enferma y necesitaba descansar.

Al ver que la persona que tenía delante también parecía débil, inmediatamente ató cabos.

Para quedar bien con Sergio, el médico adornó la historia del rescate que le había contado Elena.

—¿Fue usted quien salvó a mi hija? ¿Podría decirme su nombre, señorita? Me gustaría agradecérselo como es debido.

Al escuchar al médico, la mirada de Sergio hacia la recién llegada se llenó de gratitud, y su voz sonó solemne y sincera.

Isabella Vega se quedó perpleja. Sus ojos brillaron un instante y respondió de forma evasiva.

—Ah, señor Vargas, no tiene por qué ser tan amable. Lucía y yo tenemos una especie de conexión, estaba muy preocupada por ella.

Así que esta Lucía… ¡era una niña de la familia Vargas!

El mundo de Isabella se vino abajo. Con razón Sofía Navarro se había esforzado tanto por ganarse el favor de Lucía. Resulta que tenía un motivo oculto.

Justo antes, Isabella había visto desde la ventana de su habitación la caravana de coches de Sergio.

Emiliano le había contado que los coches de los miembros más importantes de la familia Vargas llevaban un adorno exclusivo con forma de «cabeza de caballo dorada».

Curiosa por saber qué pez gordo había venido al hospital, Isabella lo siguió.

Al llegar al área de pediatría, escuchó a las enfermeras mencionar el nombre de Lucía.

Recordaba a Lucía bastante bien, así que, movida por la curiosidad, se acercó a ver qué pasaba.

Y nada más llegar, se encontró con esta conversación.

Era evidente que la habían confundido con la persona que había salvado a Lucía.

Isabella no tuvo ni tiempo para pensar, simplemente siguió la corriente.

Sergio le ofreció su tarjeta de presentación con ambas manos. Al ver el nombre y el cargo, Isabella sintió que la cabeza le daba vueltas y el corazón le latía con fuerza.

¡El hombre elegante y de mediana edad que tenía delante no era otro que el tercer patriarca de la familia Vargas, uno de los actuales líderes del conglomerado!

—Me… me llamo Isabella, Isabella Vega.

Después de unos segundos de asombro, Isabella, ligeramente sonrojada, dijo su nombre bajo la atenta mirada de Sergio.

Luego, se volvió hacia Lucía con preocupación.

—¿Cómo está ella?

—Gracias a usted, Lucía está bien. Solo tiene un poco de fiebre.

Antes de que el médico pudiera hablar, Sergio respondió de inmediato a Isabella.

Al ver el interés de Isabella por su hija, se sintió profundamente conmovido.

—Señorita Vega, su bondad es admirable. Arriesgar su vida para salvar a mi pequeña… No sé cómo podré pagarle esta deuda.

Sergio pensó un momento, llamó a uno de sus hombres y sacó una tarjeta de su cartera para dársela a Isabella.

—Esto es un pequeño gesto de agradecimiento. Si necesita cualquier otra cosa, no dude en pedírmelo. Mientras no sea algo demasiado difícil, creo que podré ayudarla.

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