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Divorciada del CEO, Heredera del Mundo romance Capítulo 201

—Solo dime, ¿estás dispuesta a aceptar la petición de este servidor?

Sergio Vargas no le dio a Isabella Vega la oportunidad de negarse. Ante su pregunta, ella solo pudo asentir.

Al ver que Isabella aceptaba, el humor de Sergio mejoró aún más.

—Señorita Vega, ¿qué le parece mi salón privado?

—Es increíble —se apresuró a elogiar Isabella.

El lugar estaba decorado con esmero; el ambiente, la atmósfera, cada detalle, todo tenía un gran valor artístico.

—Si te gusta, de ahora en adelante, la dueña de este lugar eres tú.

Cada vez que Sergio hablaba, demostraba una generosidad desbordante.

Isabella casi pierde el equilibrio. Todo en ese lugar valía una fortuna, como mínimo, varios millones.

¿Qué clase de poder tenía la familia Vargas…?

—Señor Vargas…

—No se niegue, señorita Vega. Si le gusta, simplemente acéptelo.

Sergio lo pensó un momento, como si sintiera que no era suficiente.

—Pero este salón es solo un pasatiempo. Señorita Vega, ¿no quería organizar una exposición de arte?

—Sí, tengo esa idea… pero todavía no tengo la capacidad…

—Usted solo dedíquese a crear, señorita Vega. De todo lo demás, me encargo yo.

La actitud despreocupada de Sergio no parecía una broma en lo más mínimo.

Que Isabella quisiera montar una exposición era un asunto menor para él. De hecho, ya había elegido un terreno de la familia Vargas en una de las zonas más céntricas de la ciudad. Planeaba construir un edificio entero para que Isabella abriera su propia galería de arte.

A él también le gustaban las exposiciones; podrían organizar eventos a menudo.

Al escuchar las intenciones de Sergio, los ojos de Isabella se humedecieron un poco.

Ni siquiera su padre, cuando vivía, la había consentido de esa manera…

Isabella y Sergio conversaron animadamente. Él se enteró de que ella había perdido a sus padres hacía mucho tiempo, que vivía sola y que había tenido un matrimonio desastroso.

Durante la charla, Isabella incluso sintió que Sergio la trataba como si fuera casi una hija.

Se quedaron hasta la noche, cuando él mandó a uno de sus hombres a llevarla de vuelta a casa.

Fuera de la puerta de su apartamento, Carla Ramos llevaba mucho tiempo esperando.

Carla no tenía trabajo en ese momento, así que pasaba casi todos los días con Isabella.

Isabella prácticamente la usaba como su asistente.

Pero aunque Isabella la hizo esperar tanto tiempo, Carla no se atrevió a apurarla.

Ahora que pasaba más tiempo con ella, se había dado cuenta de que no tenía un buen carácter.

La verdad era que Isabella era una persona por fuera y otra muy distinta por dentro; no tenía ni la mitad de la buena personalidad de Sofía Navarro.

—Isa, ¿por qué regresaste tan tarde hoy…?

Carla se levantó de inmediato. Tenía las piernas entumecidas de estar en cuclillas y solo quería irse a casa a descansar.

Últimamente, como Isabella no se sentía bien, le había insinuado que viniera a cuidarla.

Cuando Carla intentaba ganarse el favor de Isabella, se desvivía por ella, cocinando y limpiando su casa.

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