Antes de que Sofía pudiera responder, Isabella se adelantó para disculparse.
—Señora Florencia, es todo culpa mía. No cuidé bien a Valen, hoy todo fue mi error…
—La familia Vega sí que sabe de modales. Profesora Vega, su educación es mucho mejor que la de otras personas.
—No se preocupe, en la familia Montoya somos razonables, no nos desquitamos con quien no tiene la culpa.
Justo después de que Florencia terminara su comentario con doble sentido, Sofía soltó una carcajada.
—¡Claro, cómo no! ¡Una familia de renombre! ¿Así que su educación consiste en clasificar a las personas?
Florencia la miró, estupefacta.
Su nuera siempre había sido increíblemente sumisa, especialmente frente a ella. Podía insultarla en su cara y ella no se atrevía a responder.
¿Qué le pasaba hoy?
—Sofía Navarro, ¿a quién crees que le estás hablando? ¡Te advierto que no abuses de mi paciencia!
El rostro de Florencia se enrojeció. Lo que más temía era perder el prestigio.
Pero las palabras de Sofía fueron aún más directas y afiladas:
—Solo porque Isabella Vega tiene un buen origen, ¿usted apoya que sea la amante? Y como yo soy huérfana, ¿he tenido que aguantar los maltratos de su familia todos estos años?
Sofía ya estaba harta de Florencia, y hoy no iba a tolerarlo más.
Al instante siguiente, Sofía sacó su celular.
Guardaba fotos de Adrián e Isabella entrando juntos en su nidito de amor.
Ya que a Florencia le importaba tanto las apariencias, ¡ella misma se encargaría de arrancarles la máscara en público!
Pero Adrián la sujetó de la muñeca.
A los ojos de todos, Sofía se había vuelto completamente loca.
Javier e Isabella se interpusieron delante de Florencia, pensando que iba a lanzarle el celular a la cabeza.
La propia Florencia estaba tan asustada que se llevó la mano al pecho, sin saber qué decir.
Adrián le ordenó a Javier de inmediato:
—Llévatelas de aquí.

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