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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 262

Los latidos desenfrenados en su pecho hicieron que Isabel perdiera por completo la noción de dónde estaba. Su corazón se había quedado anclado en esa playa.

Después de unos minutos, Fernando disminuyó el paso.

Mientras caminaban tomados de la mano, él habló con un tono inusualmente suave: —Hace rato, mientras veía la propuesta de matrimonio de ese chico, me di cuenta de que no solo te debo una luna de miel...

Isabel se detuvo y se paró frente a él, mirándolo con una intensidad abrumadora.

Fernando tomó su otra mano y murmuró con voz profunda: —Las fotos de nuestra boda fueron destruidas. Así que he contratado a un equipo para hacer una nueva sesión de fotos. Descansa bien esta noche, mañana tenemos muchos vestidos que probar. Combinaremos las fotos con paseos; probablemente nos tome todo el día.

Fernando rara vez decía tantas palabras seguidas.

Isabel tardó un buen rato en procesarlo.

Él quería volver a tomarse fotos de boda con ella.

Pero, ¿por qué ahora? ¿Por qué esperar hasta este momento?

Ella había acumulado tantas decepciones que ya estaba lista para marcharse. ¿Acaso hacía todo esto para volver a encender una llama de esperanza en ella?

Al ver que no respondía, Fernando frunció levemente el ceño. —¿No quieres tomártelas?

Isabel bajó la mirada. —Es que no entiendo por qué haces todo esto ahora.

El cambio era demasiado drástico.

Ni siquiera el propio Fernando sabía explicarlo con claridad.

Cuando se enteró de que ella había quemado las fotos, sintió una urgencia desesperada por volver a tomarlas. Las cosas que compartían como pareja eran escasas.

Aparte de haber concebido juntos a tres hijos.

Esa foto que ni siquiera parecía de una boda era el único registro que tenían juntos.

Se negaba rotundamente a que la historia entre él e Isabel quedara borrada de un plumazo, sin dejar rastro.

En ese momento, sentía la necesidad irracional de aferrarse a algo, a lo que fuera.

—En siete días se pueden hacer muchas cosas —respondió él con suavidad—. ¿No dijo mi abuela que ni siquiera teníamos fotos de boda decentes? Todo lo que te faltó en el pasado, te lo voy a compensar.

Isabel, sin querer arruinar el ambiente del viaje, intentó mantener la voz neutra. —Siento que ya no es necesario.

Fernando tensó la mandíbula. —¿Aún sigues enojada conmigo? ¿No acordamos que en este viaje íbamos a intentar ser un matrimonio de verdad?

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