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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 263

Cuando la brisa nocturna comenzó a sentirse un poco fría, Fernando regresó al interior de la cabina.

Isabel, después de ducharse, ya estaba acostada en la cama. Llevaba rato esperando para observar el cielo estrellado. A través del cristal del techo de la cabina, la bóveda celeste se veía salpicada de miles de estrellas brillantes.

Dormir sobre el mar era, sin duda, una experiencia mágica.

Al entrar y verla recostada, Fernando preguntó con ternura: —¿Estás muy cansada?

Isabel señaló el techo de cristal con una sonrisa. —Estoy mirando las estrellas.

Con una ligera sonrisa en los labios, Fernando se apresuró hacia el baño. Quería acompañarla a contemplar el cielo.

Sin embargo, cuando salió del baño con la piel aún húmeda, Isabel ya se había quedado profundamente dormida.

Su plan romántico se había esfumado.

Sonrió para sí mismo, se acostó a su lado y la atrajo hacia su pecho. En esa posición, bastaba con alzar un poco la vista para perderse en el universo.

Al estar en mar abierto, la oscuridad era absoluta, lo que hacía que las estrellas resplandecieran con una intensidad espectacular.

Tan brillantes como los ojos de Isabel.

Fernando bajó la mirada hacia la mujer que descansaba en sus brazos.

Sus ojos eran preciosos: oscuros, luminosos y tan puros que parecían esconder constelaciones enteras.

Sin darse cuenta, el arrullo del mar también lo venció y se quedó profundamente dormido.

Isabel no tuvo sueños esa noche. Durmió de un tirón hasta el amanecer. La sensación de descansar mecida por las olas era como dormir en una cuna gigante.

Al abrir los ojos, el cielo apenas empezaba a clarear y Fernando seguía dormido.

Era tan temprano que todavía tendrían tiempo de ver el amanecer.

Fernando parecía estar descansando maravillosamente. Isabel se quedó embelesada contemplando sus facciones varoniles y atractivas. Llevó una mano hacia su rostro y trazó con suavidad la línea recta de su nariz.

Justo cuando la yema de sus dedos se deslizaba hacia sus labios delgados y seductores, Fernando alzó la mano de golpe, atrapó la suya y depositó un beso en ella.

Cuando Isabel intentó apartarse, él abrió los ojos, se giró con agilidad y la inmovilizó bajo su cuerpo.

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