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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 309

Era ya muy tarde en la noche.

Isabel llegó a la mansión de la familia Cárdenas.

La puerta principal estaba entreabierta y las luces de la sala estaban encendidas, pero la casa parecía desierta. No se escuchaba ni un alma.

De pronto, Isabel cayó en cuenta de un detalle: la Señora Cárdenas estaba en prisión preventiva. Era imposible que ella le hubiera enviado ese mensaje. ¿Había sido un error?

¿O tal vez Camila había usado el teléfono de su madre para engañarla?

Con el corazón latiendo desbocado, subió al segundo piso. La puerta de la habitación de Camila no estaba cerrada del todo.

Al llegar al umbral, la escena que vio la dejó petrificada.

Camila y Fernando estaban en la cama, completamente desnudos.

Isabel empujó la puerta con violencia y entró.

Camila soltó un grito teatral y se cubrió el cuerpo apresuradamente con las sábanas.

Pero Isabel ni siquiera la miró. Sus ojos estaban clavados en Fernando, que yacía profundamente dormido en el colchón.

No podía creerlo. Era él.

Durante los últimos días, él había regresado a casa todas las noches. Hoy, ella había salido con Doña Sofía y regresó un poco tarde. Estuvo esperándolo, lo llamó varias veces y le envió mensajes, pero él no respondió ninguno.

¡Y resultaba que estaba aquí, revolcándose con Camila!

Así que era verdad: todo el tiempo que estuvieron "reconciliados", él nunca dejó de verse con ella.

—Isabel... yo... —balbuceó Camila, fingiendo intentar dar una explicación, pero se calló convenientemente.

Isabel se mordió el labio inferior con tanta fuerza que casi se sacó sangre. Las lágrimas quemaban sus ojos. El aire en esa habitación la asfixiaba; un segundo más allí y perdería la razón.

Olvidando por completo el asunto del collar, dio media vuelta y salió corriendo despavorida.

En cuanto subió a su auto, las lágrimas que había contenido se desbordaron como una tormenta.

Sobre el tablero del vehículo descansaba un pequeño adorno de cristal con la forma de unos novios, un detalle que les habían dado en su boda. Ahora le parecía la burla más cruel del universo.

¿A qué hora había llegado Fernando a esa casa? ¿Cuántas veces lo había hecho con ella para estar tan exhausto? El estruendo de la puerta al abrirse había sido suficiente para despertar a Camila, pero él seguía sumido en un sueño profundo.

Isabel tomó la figurita de cristal, bajó la ventanilla y la arrojó a la calle con todas sus fuerzas. El adorno se hizo añicos contra el asfalto.

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