—¡Fernando Montero, qué diablos estás haciendo! Isabel acaba de sobrevivir a un accidente de tráfico y ¿todavía tienes el descaro de maltratarla?
Aunque Doña Eliana y Doña Sofía eran amigas íntimas, la señora Solís seguía siendo, técnicamente, alguien ajeno a la familia. A Fernando le avergonzó sobremanera la escena, y no tuvo más remedio que ceder.
Lentamente, apartó las manos y dejó que Isabel se sentara.
Cuando Doña Eliana vio el pesado vendaje ensangrentado en la cabeza de Isabel, las lágrimas se le escaparon sin control.
—¡Mi niña hermosa! ¿Qué te pasó? ¿Por qué estás tan lastimada?
La anciana lloraba con un dolor tan profundo y desgarrador que Isabel se sintió conmovida.
Apenas se habían visto un par de veces, y sin embargo, Doña Eliana mostraba una preocupación genuina por ella.
Isabel se limpió una lágrima furtiva y respondió con voz suave:
—Anoche salí de madrugada. Los frenos de mi auto fallaron y tuve un accidente muy grave en la carretera. Por suerte, alguien apareció y me salvó la vida.
Doña Eliana se volvió hacia Fernando, fulminándolo con la mirada.
—¿Y por qué la estabas agrediendo?
—Solo quiero ir a ver a la persona que me salvó la vida, pero él no me deja salir de esta habitación —explicó Isabel.
Sabía perfectamente que, con visitas presentes, Fernando tendría que mantener las apariencias. La llegada de Doña Eliana era su boleto de salida.
Doña Eliana asintió enérgicamente, volviéndose hacia Isabel.
—¡Si esa persona te salvó la vida, tienes la obligación moral de ir a verla!
Dicho esto, Isabel hizo ademán de levantarse de la cama.
Fernando hervía por dentro. Quería detenerla a toda costa, pero no podía iniciar una guerra a gritos con la matriarca de la familia Solís. Aun así, su orgullo pudo más.
Se plantó frente a Isabel, bloqueándole el paso.
—No vas a ir a ningún lado.
Doña Eliana no lo dudó un segundo; se interpuso entre Fernando y la cama, ocultando a Isabel detrás de su espalda como una gallina protegiendo a sus polluelos.
—A ver, Fernando Montero. Yo estoy aquí hoy y me gustaría verte intentar detenerla. Isabel va a visitar a su salvador. ¿O acaso hay algo de malo en mostrar gratitud?

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