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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 333

Isabel sentía una rabia indescriptible. Ese hombre, Fernando, no tenía corazón. Era incapaz de entender el peso que llevaba sobre sus hombros.

Se había quedado allí porque no podía soportar la idea de que Leonardo quedara en estado vegetativo por haberle salvado la vida. Solo quería esperar, aferrándose a la esperanza de un milagro.

Pero él, como siempre, lo tergiversaba todo a su conveniencia.

—¡Sí, me importa! —le soltó sin dudar.

Al fin y al cabo, ya había tomado la decisión de divorciarse. No iba a dar un paso atrás, así que no le importaba echar más leña al fuego.

Fernando cerró los puños con tanta fuerza que los nudillos le crujieron.

El sonido fue tan fuerte que Isabel lo escuchó claramente.

Sintió un profundo desdén. Él seguía enredado con Camila Cárdenas, y aun así tenía el descaro de montar esa escenita de celos frente a ella.

Después de unos eternos segundos, Fernando relajó las manos lentamente.

—Ya sabes lo que pasa cuando me provocas.

Isabel soltó una risa amarga. Ya no le tenía miedo.

No importaba el precio que tuviera que pagar, estaba decidida a alejarse de él.

—Fernando, sé perfectamente que lo único que puedes usar para chantajearme ahora son Mateo y Gabriela. Pero, ¿sabes qué? Ya no voy a pelear contigo. Si quieres la custodia, quédatela. Son tus hijos de sangre, dudo que los vayas a maltratar. Fui demasiado obstinada antes, y por eso me dejé acorralar. ¡Pero eso se acabó! ¡A partir de hoy, no volverás a amenazarme!

Había aprendido la lección: cuanto más desesperadamente intentas aferrarte a algo, más fácil es perderlo.

Además, ahora sabía que no tenía por qué temer. Con el respaldo de la poderosa familia Solís, tendría a los mejores abogados del país. Como los niños aún eran bebés, la ley estaría de su lado. Solo necesitaba mostrarse invulnerable frente a él para tener todas las de ganar.

Y su estrategia funcionó. El rostro de Fernando se descompuso.

Tragándose su orgullo, intentó suavizar el tono:

—Isabel, tenemos que hablar en serio, ¿de acuerdo?

No quería discutir sobre su matrimonio en medio del pasillo de un hospital.

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