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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 43

Al ver a Fernando Montero, el rostro de Isabel palideció instintivamente.

Fernando se sentó directamente a su lado, encendió un cigarrillo y, con el filtro entre sus labios finos y sensuales, dio una calada profunda. El humo blanquecino que exhaló lo envolvió, añadiéndole un encanto particular y misterioso.

Su mirada, oscura y profunda, se posó en Leonardo Zamora, que estaba sentado enfrente.

Elegante, con un aire distinguido, vestido de manera impecable y con el cabello perfectamente peinado. Ciertamente, su apariencia encajaba con su puesto de fiscal.

Isabel notó la mirada fría y sombría con que Fernando observaba a Leonardo. Temiendo que su petición de ayuda para encontrar un abogado pudiera causarle problemas, se apresuró a decir: —Fernando, estoy cansada, quiero ir a casa.

Su corazón latía con fuerza. En la tensa relación que mantenían, no estaba segura de que él fuera a escucharla.

Para su sorpresa, Fernando giró el rostro hacia ella y esbozó una leve sonrisa. —Ya que la Señora Montero está cansada, vámonos a casa.

Esa sonrisa cargada de significado y la falsa ternura en sus ojos le erizaron la piel.

Fernando apagó el cigarrillo, del que apenas había fumado, en el cenicero. Se levantó al mismo tiempo que Isabel y, con naturalidad, le rodeó los hombros con un brazo. Con la mirada ensombrecida, se dirigió a Leonardo con una sonrisa forzada: —Fiscal Zamora, mi esposa solo está haciendo un berrinche. Disculpe la escena. Nuestra relación es muy buena, acabamos de tener hijos y no nos vamos a divorciar. Así que, sobre lo de recomendar un abogado de divorcios…

Isabel permaneció en silencio, sin atreverse a dar ninguna explicación.

Temía que si irritaba a Fernando, él descargara su ira en Leonardo.

Ambos se habían graduado de la misma facultad de derecho; no era fácil conseguir un puesto en la fiscalía.

Leonardo también se puso de pie, con una sonrisa serena en el rostro, y respondió con una cortesía impecable: —Si todo ha sido un malentendido, no se preocupe, Señor Montero. De todas formas, no conozco a ningún abogado de divorcios. Justo ahora tengo un asunto pendiente, así que me retiro.

Leonardo se fue primero.

Solo entonces Fernando, aún rodeando a Isabel con el brazo, la guio hacia la salida.

Fernando sabía que Isabel saldría a buscar trabajo ese día, por lo que había enviado a uno de los chóferes de la familia a seguirla. De no ser por eso, no se habría enterado de que, apenas terminó su recuperación posparto, lo primero que hacía era reunirse con Leonardo Zamora.

La empujó dentro del asiento del copiloto y cerró la puerta con fuerza, produciendo un sonido seco.

Isabel sabía que, aunque él hubiera estado sonriendo momentos antes, en realidad estaba furioso.

Fernando se sentó al volante, pero no encendió el coche de inmediato. Apoyó el brazo izquierdo en el volante y se giró para mirarla fijamente, sin decir una palabra durante un largo rato.

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