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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 469

—Isabel, Fernando ya está aquí. Ve, no lo hagas esperar —la animó Sara desde el volante.

Isabel bajó del auto y caminó directamente hacia él.

Había pasado un tiempo desde la última vez que lo vio, y no sabía si era por las secuelas de haberse congelado en la nieve, pero se veía notablemente demacrado, con ojeras oscuras marcándole el rostro.

Ella no hizo preguntas ni mostró compasión.

—Entremos —fue lo único que dijo.

Tal vez por ser tan temprano, el área de divorcios estaba completamente vacía. Para sorpresa de Isabel, Fernando no intentó prolongar el momento con palabras innecesarias. El trámite se realizó de manera rápida y mecánica.

Cuando finalmente tuvo el acta de divorcio en sus manos, Isabel sintió que un peso colosal, que la había estado asfixiando durante meses, desaparecía de sus hombros. Después de tanto desgaste emocional, manipulaciones y dolor, por fin era una mujer libre.

Salió del Registro Civil con paso firme.

Fernando la siguió de cerca en su silla de ruedas.

Justo en la entrada, Camila Cárdenas apareció de la nada, radiante, sosteniendo un enorme ramo de flores. Al ver los documentos en las manos de ambos, una sonrisa triunfal se dibujó en su rostro.

—¡Fernando! —exclamó Camila, acercándose con aires de victoria. Le ofreció el ramo—. Felicidades por dejar el pasado atrás. Brindemos por un nuevo comienzo.

Isabel los miró de reojo con una expresión gélida, sin detener su marcha.

Fernando ni siquiera levantó las manos para recibir las flores, así que Camila simplemente se las dejó caer sobre el regazo.

—¡Isabel! —la llamó Fernando de pronto.

Ella se detuvo en seco, sin darse la vuelta.

—No pude ver a Mateo y a Gabriela durante las fiestas. Ahora que he cumplido mi palabra y te he dado el divorcio, quiero verlos. ¿Puedes enviarlos hoy a la casa de mi familia?

—Los mandaré antes de la cena. Estaré ocupada todo el día —respondió ella, seca.

—De acuerdo. Los estaré esperando.

Isabel caminó hacia la avenida, hizo señas a un taxi y se marchó sin mirar atrás.

Camila había sido astuta. Durante los últimos días, no había acosado a Fernando; simplemente había calculado el tiempo y se presentó en el momento justo. Jamás imaginó que él de verdad cumpliría y se divorciaría.

Cuando el taxi de Isabel desapareció en el tráfico, Camila se agachó junto a la silla de ruedas y lo miró con devoción.

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