—Fernando, esa noche de verdad estuvimos juntos... Me estás mintiendo con lo de la vasectomía, ¿verdad?
—¡No te estoy mintiendo!
Fernando no podía creer que, a estas alturas, Camila todavía quisiera verle la cara.
¿Acaso había estado ciego con ella todos estos años?
—No te creo.
Camila pensó que tal vez Fernando solo la estaba probando. No podía ceder.
—Isabel tuvo a los niños por cesárea. No quería que volviera a quedar embarazada, y tampoco quería que tomara pastillas anticonceptivas.
Camila lo miró petrificada.
—¿Te hiciste la vasectomía por ella? Hay muchísimas otras formas de cuidarse, podías usar protección. ¿Qué hombre acepta hacerse eso?
—Yo.
Las pastillas le harían daño a Isabel, así que él prefirió operarse.
Las lágrimas se agolparon en los ojos de Camila. Fernando e Isabel habían seguido teniendo intimidad.
Ella creía que se había casado con Isabel únicamente para tener hijos y salvarle la vida a ella. Que una vez nacidos los niños, él jamás volvería a tocar a su esposa.
Pero no fue así.
Siempre habían mantenido su relación de esposos a puerta cerrada.
¿Tanto le importaba Isabel?
Se operó solo por ella.
¡Y a ella, en todos estos años, jamás la había tocado!

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