—¿De pelo rojo?
Isabel se quedó atónita.
Fernando asintió en silencio.
Sabiendo lo mucho que a Fernando le importaba Camila en el pasado, no diría algo así a menos que fuera verdad.
Isabel frunció el ceño. Nunca pensó que Camila fuera capaz de llegar a tales extremos.
—Entonces, ¿quién es Felipe?
Fernando meditó un momento y dijo: —Pronto tendré los resultados. Isabel, te lo juro, ese día no pasó nada entre ella y yo. ¿Podrías tú...?
—¡No!
Antes de que él pudiera terminar la oración, ella lo interrumpió de tajo.
Sabía perfectamente lo que él iba a decir.
Lo ocurrido esa noche había sido un golpe letal para su matrimonio.
Pero, ¿y todo lo que vino después?
Si Ángel no hubiera crecido y anhelado a su madre, ella ni siquiera se habría enterado de que dio a luz a tres niños.
Cuando ella estaba inconsciente por la hemorragia tras el parto, él no solo le exigió el divorcio, sino que le ocultó a uno de sus hijos. Le ocultó infinidad de cosas y, para colmo, planeaba darle a Ángel a Camila para que lo criara.
Y ahora, porque descubrió que Camila lo había engañado, quería volver con ella. ¡Era imperdonable!
Al ver su reacción, Fernando supo que el perdón de Isabel no sería tan fácil, así que no dijo más.
Después de comer, ambos se dirigieron al aeropuerto.
Antes de abordar, Isabel seguía inquieta y le exigió su teléfono para llamar a casa y preguntar por sus abuelos.
Viendo que ya no podía ocultárselo, Fernando tuvo que decirle la verdad.
—Isabel.
Su voz sonaba pesada y solemne. —Tienes que prepararte.
Isabel sintió un nudo en el estómago y preguntó alarmada: —¿Les pasó algo malo a mis abuelos?
—Sufrieron una intoxicación alimentaria... Los médicos no pudieron salvarlos...
Isabel abrió desmesuradamente los ojos y se aferró al brazo de Fernando.
—¡Me estás mintiendo! ¡Me estás mintiendo, verdad!
—Isabel, por favor, cálmate.
Las lágrimas brotaron a borbotones de sus ojos.

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