Pero Felipe, por instinto, retrocedió.
En ese momento, se acercó una maestra del jardín de niños y dijo:
—Señorita Cárdenas, los niños tienen que ir a almorzar.
Al ver a la maestra, Felipe corrió a abrazarla.
Felipe sentía más apego por la maestra que por Isabel. Como de momento no tenía otra opción, Isabel no tuvo más remedio que dejar que la maestra se lo llevara.
Isabel se despidió de sus otros tres hijos.
Fernando, por su parte, decidió no seguir hablando con Camila. Ordenó a sus hombres que la vigilaran y se dirigió al jardín de niños, pero para cuando llegó, Isabel ya se había ido.
Al ver a Fernando, Felipe corrió hacia él.
—Papá, ya no quiero venir a la escuela. Quiero ir a buscar a mamá.
—Cuando los niños crecen, tienen que ir a la escuela. Tienes que ser un niño bueno, ¿entiendes?
—Pero si vengo a la escuela, no puedo estar con mamá. No quiero esto.
No es que Felipe fuera desobediente, simplemente extrañaba a Camila.
—Haz caso, tus hermanos y tu hermana también están en la escuela, ¿cómo es que tú no vas a venir?
Felipe hizo un puchero y contestó:
—No me importa, no quiero venir a la escuela. Digas lo que digas, no quiero venir. Si no me haces caso, ya no quiero estar contigo. Me voy a la casa de mi abuela.
Fernando no pudo evitar molestarse.
—¡Deja de hacer berrinches!
—¡Ya me estás regañando otra vez!
Sin otra opción, Fernando tuvo que contener su enojo. La situación de Felipe no era igual a la de los otros tres niños, no podía ser demasiado estricto con él.
—No te estoy regañando, pero tienes que portarte bien. Tienes que ir a la escuela.
—Si me dejas ver a mi mamá, iré a la escuela.
Pero era imposible que Fernando le permitiera ver a Camila.
La moral de Camila era muy cuestionable, y nadie sabía de qué sería capaz si Felipe volvía a estar con ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario