¡Ella quería cortar el problema de raíz!
Isabel Cárdenas ignoró por completo a Tomás Cárdenas y entró directamente a la casa.
En la vida, no hay nada más aterrador que esa gente que se aferra a ti y de la que no puedes deshacerte.
Isabel regresó a casa y fue a la habitación de Silvia.
—Mamá, ¿por qué no te regresas a la Capital?
—El sepelio de tus abuelos todavía no se ha celebrado, ¿cómo me voy a ir?
Sin importar lo que le dijeran, ella se quedaría hasta asistir al funeral.
—Puedes volver cuando se celebre el sepelio. Tomás está otra vez en la puerta, quiere verte y presiento que es peligroso.
Con todo lo que le estaba pasando a la familia Cárdenas, ¿qué tal si él ya no tenía nada que perder?
Isabel no podía arriesgarse.
—No tengas miedo, no voy a salir y tampoco lo veré. Él no puede entrar.
—Mamá, entonces ten mucho cuidado.
Tomás estaba implicado en el caso del envenenamiento de los abuelos. Si era tan audaz como para matar, a Isabel le preocupaba la seguridad de su madre.
—Sí, lo sé.
—Mamá, hoy vino Fernando Montero y me dijo que Felipe Montero también es mi hijo.
Silvia se quedó atónita por un momento y, sin poder evitarlo, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Ella también había visto a Felipe; el pequeño era muy protector con Camila y con la señora Cárdenas.
—¿Qué fue lo que pasó en realidad? ¿Diste a luz a cuatro bebés en total?
Isabel asintió.
—¡Raquel y Camila le han hecho tanto daño a tanta gente! Hija, ¿qué te dijo Fernando?
—No me importa lo que él diga ni lo que le pase. Ahora Felipe se niega a aceptarme, solo piensa en Camila y no sé qué hacer.

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