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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 717

Tenía razón.

Con las cosas terribles que Sara había hecho en las sombras, no tenían por qué tenerle compasión.

—Volveré para platicarlo con Isabel.

—Hazlo. Si ella hereda o no la fortuna de la familia Solís no es problema; me tiene a mí.

El interés de Isabel por la riqueza jamás había sido desmedido, no era de esas personas que vivían aferradas al dinero.

Y, de paso, Fernando le ofrecía un estilo de vida sumamente holgado.

Isabel terminó de empacar las cosas de su oficina y se dispuso a regresar a casa.

Había trabajado allí dos años. Antes de eso, Laura Quintana había sido su mentora, por lo que conocía perfectamente su situación. Además, muchos abogados del corporativo habían asistido a su fiesta de cumpleaños y sabían que ella era la verdadera heredera que los Solís habían recuperado.

Sin embargo, como la familia no había hecho público el verdadero origen de Sara, los demás ignoraban que la mujer era una impostora.

La noticia de que la matriz había despedido a Isabel corrió como la pólvora, y en ese momento, varios abogados se amontonaron en su oficina.

Laura exclamó con indignación: —Es increíble que, apenas fallecidos los abuelos, la abogada Solís haga semejante bajeza, se pasó de la raya. Tú también eres de la familia, ¿cómo se atreve a echarte así? ¿Acaso ya no le importa la relación de hermanas?

—Totalmente de acuerdo, es un abuso enorme.

—Abogada Isabel, creo que deberías ir a reclamarle en su cara.

Ellos aún no sabían que Sara era una impostora, o estarían mucho más enojados.

Isabel solo esbozó una sonrisa y contestó: —No se preocupen, volveré muy pronto.

San Jacinto pertenecía a la división del sur.

Incluso si llegaban a perder el juicio de la herencia y el bufete se partía en dos, la sede actual quedaría bajo la dirección de Javier, y él, sin duda, la reinstalaría.

Isabel siempre había sido muy noble, por lo que era muy apreciada en la oficina, y a sus compañeros les pesaba verla partir.

Pero al escuchar que volvería, se quedaron más tranquilos.

Isabel salió del bufete y, al llegar a casa, Javier ya la estaba esperando.

—¿Fuiste a confrontar a Sara?

—No. En el camino Fernando me llamó, fui a verlo a su oficina y decidí no ir a pelear con ella.

—Hiciste bien, si tuvo el descaro de hacer esto, es porque no le teme a un reclamo.

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