—No tienes por qué agradecerme, Javier, es lo mínimo que puedo hacer. Sara es mi hija biológica, y con todo lo que ha pasado, me siento profundamente avergonzada. De hecho, hoy pensaba pedirte un gran favor.
—Dígame de qué se trata, Señora Silvia, no tenga pena.
—Eres abogado, así que quiero pedirte que me redactes mi testamento. Deseo dejar todas mis propiedades y bienes a nombre de Isabel.
Isabel, sorprendida, le tomó la mano y le dijo: —Mamá, aún eres joven, ¿por qué pensar en esas cosas ahora?
—La vida es impredecible, nadie sabe qué vendrá primero: si el mañana o una desgracia. Si dejo esto arreglado pronto, tendré paz mental.
—Isabel está a punto de cambiarse el apellido, ¿le parece bien si esperamos a que tenga sus nuevos documentos para notariarlo?
Silvia, con algo de intranquilidad, replicó: —No importa, hagamos el trámite con su nombre actual. Cuando reciba sus nuevos papeles, podemos actualizar la documentación.
La verdad era que Silvia no confiaba en absoluto en Sara.
Aunque Sara la había reconocido como madre, jamás la había tratado como tal.
Si ella llegaba a faltar, todos los bienes heredados de la familia Jiménez terminarían automáticamente en manos de Sara.
Esa mujer ya se había adueñado de la parte de la familia Solís que por derecho le correspondía a Isabel, así que no permitiría que sufriera otra injusticia.
—Me parece bien, lo haremos de esa manera.
Javier apoyaba la decisión de Silvia por completo. La fortuna de los Jiménez no era poca cosa; incluso si Sara lograba arrebatarles las sucursales del norte del bufete, con esa herencia, Isabel no saldría perdiendo.
Javier volvió a la oficina para comenzar a gestionar el trámite.
Silvia, por pura curiosidad, le preguntó a Isabel: —¿Por qué no fuiste a trabajar al despacho hoy?
A Isabel no le quedó de otra más que confesarle que Sara la había despedido.
Silvia no pudo reprimir la ira que le ardía por dentro.
—¡Es una completa descarada!
Y pensar que antes, Isabel siempre buscaba justificar a Sara.
—Mamá, no te enojes, ya sabemos cómo es. No vale la pena que te hagas mala sangre.
Cada día que pasaba, la bajeza de Sara se hacía más evidente para todos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario