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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 719

—Señora.

El asistente Arce la saludó con la misma costumbre de siempre.

—¿No te dije que no me llamaras más señora Montero?

—Señora, tómelo solo como un título de respeto... Vine a entregarle esto.

Lorenzo Arce sacó todos los documentos de Zamora y Asociados y los puso sobre la mesa.

—El señor Montero adquirió la firma Zamora y Asociados hace un tiempo, y me dijo que usted estaba al tanto. Ha estado cerrada todo este tiempo, así que decidió ponerla a su nombre. Quiere que usted se haga cargo del despacho.

Las instalaciones de Zamora y Asociados estaban completamente equipadas, y toda la documentación legal estaba en regla.

Isabel se había ido del Bufete Solís, pero eso no significaba que quisiera quedarse de brazos cruzados.

Solo que la situación la había obligado a aceptar esa pausa.

La verdad era que la propuesta le resultaba atractiva, pero viniendo de Fernando, era imposible que la aceptara como un regalo.

—Lo siento, pero no puedo aceptarlo.

—Señora, el señor Montero me encomendó esta misión. Si regreso con las manos vacías, me va a descontar del sueldo. Se lo suplico, acéptelo.

Lorenzo sabía que la tarea era complicada.

Si Fernando no había venido personalmente, era porque seguramente sabía que ella rechazaría el regalo y por eso lo había enviado a él.

¡Lo estaba poniendo en una situación imposible!

—Su jefe y yo tenemos asuntos sin resolver, jamás aceptaría un despacho regalado por él. Sin embargo...

Al notar una pequeña esperanza, Lorenzo se apresuró a preguntar: —¿Sin embargo, qué?

—Estoy dispuesta a comprarlo.

Nunca había tenido la oportunidad de forjar un negocio propio.

Tener su propio despacho legal sonaba como una excelente idea.

Registrar una empresa desde cero, tramitar permisos y hacer remodelaciones le tomaría demasiado tiempo; tener uno ya establecido era la opción perfecta.

Había estado en las oficinas de Zamora y Asociados. La decoración era impecable y el tamaño del despacho era ideal, ni demasiado grande ni demasiado pequeño; se ajustaba perfectamente a sus necesidades.

—¿Comprarlo? Señora, no bromee conmigo. Al señor Montero le sobra el dinero, si le digo que quiere comprarlo, me va a matar.

—Dile que esa es mi única condición: lo compro o no lo acepto.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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