Mateo y Gabriela también empacaron sus juguetes y golosinas preferidas.
Con todo listo, Isabel los ayudó a subir al auto y emprendió el camino hacia La Casona Montero.
Desesperada por ver a Felipe, Isabel entró a la casa junto con los tres niños.
En ese momento, Doña Sofía estaba en la habitación con un plato en la mano, rogándole al niño que diera un bocado.
En cuanto llegaron, los tres chiquitos corrieron directamente hacia el cuarto.
Ángel le ofreció sus panecillos a Felipe y le dijo con cariño: —Felipito, mira, estos panecillos están deliciosos. Tienes que probarlos, no puedes quedarte con la pancita vacía.
Los panecillos tenían forma de cerditos rosados, muy tiernos y regordetes.
Con solo verlos, se antojaba darles una mordida.
Ángel sonrió y agregó: —Ándale, Felipito, ten uno.
Le acercó el postre a la boca. Felipe, atraído por el dulce aroma, le dio un mordisquito.
Doña Sofía finalmente pudo respirar aliviada.
La idea de Fernando había funcionado a la perfección.
Gabriela también se acercó a compartirle de sus golosinas.
Por su parte, Mateo levantó con entusiasmo una enorme pistola de juguete y exclamó: —¡Mira, Felipito! ¡Esto me lo compró mi papá hace un par de días! ¡Está increíble, ¿verdad?! Si comes bien, ¡te la regalo!
En La Casona Montero, Felipe era el único niño y solía aburrirse estando solo.
Al ver a sus dos hermanos y a su hermana ahí, la alegría lo invadió. Quería jugar con ellos, así que no solo devoró los panecillos, sino que también se acabó todo el plato de comida que Doña Sofía le ofrecía.
Isabel no había entrado a la habitación; observaba todo desde el pasillo.
Por fin sintió que le volvía el alma al cuerpo.
Después de comer, Felipe dejó de llorar y se puso a jugar feliz de la vida con los demás niños.
Doña Sofía salió con el plato vacío y se acercó a Isabel.
—Isabel, muchísimas gracias por traerlos.
—No tiene por qué agradecer, soy la más interesada en que mi niño coma bien.
Al pensar en cuánto ansiaba Felipe a Camila, Doña Sofía se sentía profundamente apenada con Isabel.
Pero tampoco podía obligar al niño a cambiar de actitud por la fuerza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario