Si Isabel se mantenía firme en no aceptar sus disculpas, Javier temía que Fernando recurriera a la fuerza, dada su personalidad dominante.
—Solo te apoyaré si respetas su decisión. Si te atreves a amenazarla o a obligarla a algo, seré tu peor enemigo.
—No lo haré, te lo juro.
No se atrevería.
Sabía que eso solo conseguiría alejarla para siempre.
Unos días después.
Todo estaba listo para el viaje. Doña Sofía había preparado el equipaje de los niños con anticipación.
Isabel y Javier pasaron a recoger a los cuatro pequeños y luego fueron por Adriana.
Al ver a Javier en el auto, Adriana pensó que solo había ido a despedirlos.
Pero al llegar al aeropuerto, Javier tomó su maleta y se formó en la fila de seguridad.
—Javier, ¿tú también viajas?
—Sí, voy con ustedes. Viajar con cuatro niños no es fácil para dos personas. Con un par de manos extra será más llevadero.
Adriana sonrió.
—Qué lindo detalle. Tienes razón, Isabel y yo solas con este batallón en un avión sería una locura.
Especialmente por Felipito, que aún se mostraba reacio a obedecer a Isabel.
Cualquier ayuda extra era una bendición.
—Adriana, invité a mi amigo para que nos acompañe. Espero que no te moleste —dijo Isabel.
—¡Para nada! Además, este viaje es para que te relajes; lo que tú decidas me parece perfecto.
Ambas compartieron una mirada cómplice.
Tres adultos al mando de cuatro niños.
Javier empujaba el carrito con las maletas hacia el control de seguridad.
Ángel, asumiendo su rol de hermano mayor, llevaba a Felipito de la mano.
Los pequeños estaban eufóricos por el viaje.
Ese día, Felipito no ignoró por completo a Isabel.
Y con Adriana se portó de maravilla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario