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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 757

Isabel se quedó atónita. Ni su abuela ni su tío le habían mencionado una sola palabra sobre organizarle citas a ciegas.

Sebastián le guiñó un ojo con disimulo.

Fernando empezó a entrar en pánico. Con los abuelos paternos de Isabel fallecidos, sus parientes más cercanos eran doña Matilde y Sebastián. Si de verdad le estaban organizando encuentros, Isabel, con lo educada que era, iría por simple respeto, aunque no estuviera interesada.

Y si de pura casualidad conocía a alguien que le llamara la atención, o si alguno de esos hombres se obsesionaba con cortejarla, las cosas se pondrían muy complicadas para él.

Fernando soltó apresuradamente: —Tío, ¿yo podría ir a esas presentaciones?

—¿Tú? —Sebastián arqueó una ceja—. Yo creo que las segundas partes nunca fueron buenas; son un dolor de cabeza y pura pérdida de tiempo.

—No diga eso, tío. Isabel tiene una situación muy particular: es madre de cuatro hijos. ¿Está seguro de que esos tipos estarían dispuestos a aceptarlos?

A Sebastián no le inmutó en lo más mínimo: —¿Y por qué no? Son cuatro preciosuras. Y si a alguno no le gusta, en la familia Sandoval nos sobra el dinero para mantenerlos. Si de algo adolece esta casa es de la alegría de tener niños.

¡La familia Montero también necesitaba a esos niños!

De ninguna manera iba a permitir que sus propios hijos le dijeran "papá" a otro hombre.

Haría lo que fuera necesario para evitar que tal desastre ocurriera.

Con resignación, miró a Isabel y le preguntó: —¿De verdad vas a ir a esas citas?

—Yo...

Antes de que ella pudiera decir algo, Sebastián la interrumpió:

—Fernando, no te aproveches de que Isa es muy bondadosa para intimidarla. Esas citas ya están programadas y punto.

Fernando la miró fijamente, con los ojos oscurecidos por una emoción indescifrable.

Era una mirada que Isabel jamás le había visto.

Isabel apartó el rostro y le dijo a Sebastián: —Tío, mejor no hablemos de estos temas delante de él.

—Está bien, lo hablamos luego a solas.

Fernando intuyó que todo eso era una provocación montada por Sebastián.

Por más que el tío se pusiera en ese plan, tener cuatro hijos no era cualquier cosa. ¿Qué hombre ajeno podría quererlos genuinamente en una familia ensamblada?

Isabel era más que consciente de ese riesgo.

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