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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 759

Javier sabía que si le contaba la verdad a Adriana, sería como contársela directamente a Isabel.

Si el propio Fernando aún no se atrevía a revelarlo, no creía que fuera prudente abrir la boca.

Se preguntaba si, al enterarse, Isabel no sufriría aún más.

Al fin y al cabo, Fernando la había confundido con otra persona.

Se había equivocado de mujer.

Le había entregado más de diez años de devoción absoluta a Camila.

Saber eso rompería a cualquiera.

Lo mejor era que Fernando fuera quien diera la cara.

—Todo giró en torno a Camila. Fernando se dejó manipular por ella y terminaron teniendo muchísimos roces. Pero no es como si tuvieran un resentimiento irreparable que les impidiera solucionar las cosas.

—Como ustedes dos son amigos desde niños, seguro que estás tratando de justificarlo, ¿verdad?

—No es solo por eso. ¡Tienen cuatro hijos! Imagínate lo difícil que sería intentar criarlos separados, sin contar el desgaste para todos.

Era de conocimiento público que, cuando una pareja tiene cuatrillizos, cortar lazos de manera tajante resulta prácticamente imposible.

—Entonces, ¿tú también deseas que se den otra oportunidad?

Para Isabel, su matrimonio con Fernando había sido un tormento.

Pero, después del divorcio, tampoco había sido del todo feliz.

Adriana sabía a la perfección que la verdadera sonrisa y plenitud de su amiga siempre habían estado ligadas a Fernando.

—No estoy seguro, pero dudo que Isa logre perdonarlo con facilidad.

Mientras hablaban, Adriana perdió el equilibrio y cayó de bruces. Javier, distraído con la charla, no reaccionó a tiempo y ambos se fueron al piso. En su afán por protegerla, él la envolvió en sus brazos, y ambos rodaron por la nieve durante un largo trecho.

Cuando por fin dejaron de dar vueltas, Adriana quedó justo encima de él y sus labios rozaron accidentalmente.

El tiempo pareció detenerse de golpe.

Adriana abrió los ojos de par en par.

En ese preciso instante, una figura imponente irrumpió en la escena a toda prisa, jaló a Adriana de un tirón y la estrechó en sus brazos.

Al levantar la mirada, sus ojos se abrieron aún más por la sorpresa.

¡Era Arturo Serrano!

—¡Arturo!

Javier se apoyó en el suelo para reincorporarse.

Arturo le sacudió la nieve del abrigo con las manos.

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