A pesar de todos los intentos de Gustavo por calmarla, Elena no podía controlarse.
—Mamá, por favor, no pienses más en eso. Mamá.
Gabriel acariciaba suavemente la espalda de Elena, tratando de reconfortarla.
Sin embargo, ninguna de sus palabras sirvió. Tras un intenso episodio de dolor, Elena se desmayó.
Gustavo la cargó en brazos de inmediato y le ordenó a Gabriel que encendiera el auto para llevarla al hospital.
Isabel se sentó en el asiento del copiloto, mientras Gustavo acomodaba a Elena en la parte trasera, sin soltarla.
Llegaron rápidamente al hospital y Elena fue ingresada a la sala de emergencias.
Gustavo caminaba desesperado frente a las puertas de urgencias. Gabriel lo tomó del brazo y le dijo: —Papá, cálmate. Mamá va a estar bien.
—Sé que no corre peligro, pero cuando a ella le duele la cabeza, a mí se me parte el corazón.
Episodios como este ya habían ocurrido antes. Si Elena intentaba recordar su pasado, era muy probable que sufriera recaídas así.
Gabriel sabía que consolarlo no serviría de nada. Su padre siempre había sufrido por ella.
Isabel se sentía terriblemente culpable.
—Don Gustavo, lo lamento mucho. No debí mencionarle nada sobre ese tema.
—No tienes la culpa. Yo fui quien te pidió que se lo contaras. Tarde o temprano lo habría preguntado; esto tenía que pasar algún día.
Gabriel miró a Isabel y le indicó: —Ven conmigo, necesito hablar contigo.
Isabel lo siguió por el pasillo hasta alejarse un poco.
Gabriel se detuvo; su tono era amable.
—Isabel, no te culpes. Hoy, antes de llegar a casa, hablé con mi padre porque temía por él; me preocupaba que, al enterarse de lo de tu papá y al recuperar sus recuerdos, mi madre decidiera dejarlo. Pero él me dijo que no importaba, que los sentimientos de ella estaban por encima de todo y que no pretendía ocultarle nada. Así que no te sientas mal, quítate esa carga de los hombros.
Isabel no imaginaba que Gustavo amara con tanta devoción a su madre.
Y que Gabriel fuera un hijo tan ejemplar.
Ahora que lo pensaba, su madre era realmente afortunada. Pero si llegaba a recordar a su primer marido, los temores de Gabriel podrían hacerse realidad.
Menos mal que Gustavo estaba dispuesto a respetar cualquier decisión que ella tomara.
La vida estaba llena de giros inesperados.
Si su madre no hubiera perdido la memoria, su padre no habría muerto.
Su madre no habría formado una nueva familia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario