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Doctora Invisible romance Capítulo 6

Capítulo 6 – El Nombre en el Margen

La sala de juntas del piso veintiuno, usualmente sobria, pulcra y rigurosa como un quirófano corporativo, se encontraba sumida en un caos perfectamente contenido, pero denso.

Como si algo vital estuviera al borde del colapso, sin que nadie se atreviera a nombrarlo.

Las persianas automáticas, apenas entreabiertas, dejaban filtrar franjas de luz que cruzaban la mesa central en forma de cuchillos. Las pantallas parpadeaban con gráficos truncos y líneas de código con errores persistentes.

Los ingenieros biomédicos, genetistas y ejecutivos rodeaban la mesa como soldados exhaustos. Todos sabían que estaban fallando. Solo no sabían cómo decirlo.

Entonces estalló.

—¡El modelo B colapsó en el 42% de los implantes! —gritó uno de los ingenieros.

Su voz, rota por la frustración, rebotó contra las paredes. En un arranque de impotencia, estrelló la Tablet contra el piso. El sonido seco fue como una sentencia.

—¡Cinco años y millones para esto! —espetó otro.

Adrián Castell permanecía de pie, junto al ventanal, sin mirar a nadie.

Sus nudillos, blancos de tensión, descansaban sobre el respaldo de una silla.

Su mandíbula marcada, apretada, era la única respuesta a la implosión silenciosa del proyecto que él mismo había vendido como revolucionario.

—Cállense todos —dijo finalmente, sin alzar la voz y en ese tono calmo, hubo más orden que en toda la sala.

—Dejen todo sobre la mesa. Me encargaré personalmente.

Uno a uno, se fueron retirando.

Algunos sin siquiera levantar los restos de su dignidad.

En minutos, la sala quedó desierta, cubierta de papeles arrugados, tazas olvidadas, y pantallas aún encendidas.

El reloj marcaba las 20:36.

Adrián seguía allí,sin chaqueta.

La camisa blanca húmeda en los codos.

La piel le ardía y el orgullo, más.

Pasaron tres horas más.

El tiempo fluía espeso, como una noche de fiebre.

Hasta que, en un movimiento descuidado, empujó una pila de documentos y una carpeta cayó al suelo.

Una carpeta gris. Sin título.

Se agachó. La levantó con desgano y entonces, la vio.

SR-OPH.

Iniciales pequeñas, escritas a mano con tinta azul ya algo desvaída.

Abrió la carpeta, lo golpeó un olor: polvo, papel antiguo… y culpa.

Adrián pasó las hojas con la velocidad de un hombre que busca algo sin saber qué.

Gráficas. Fórmulas. Ensayos.

Y de pronto, las notas.

Pequeñas.

Menudas.

Escritas al margen.

La letra de Sofía.

“Si se permite que el gen ND6 sea estimulado sin regular el transportador basal, el cuerpo rechazará la integración en tres semanas. No forzar la respuesta inmunitaria: redirigirla con microdosis de secuencia modificada.”

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