Capítulo 7 – Lo Que Nace en el Silencio
Sofía no miró el celular de inmediato.
Estaba sobre la mesada, vibrando con insistencia.
Sabía quién era ,hasta sabía qué iba a decir.
Y aún así, se mantuvo unos segundos más en silencio, con las manos apoyadas en el mármol frío de la cocina y la espalda encorvada, como si todo el peso de las últimas semanas hubiese decidido caerle encima de una sola vez.
El mail llegó a su casilla de correo en el celular. Lo leyó sin apuro.
Confirmación de su cita obstétrica, ya se había hecho todo los análisis previos .
Viernes, 9:00 a. m
Volvió a ver su nombre completo en el encabezado: Dra. Sofía Rojas.
Y entonces, sin poder evitarlo, recordó que ese mail era compartido con Adrián, no se dio cuenta de cambiarlo antes de ir a hacerse los análisis prenatales.
“Ahora ya está , seguramente ya lo sabe “pensó.
Había sido al volver del viaje que se enteró:
El aeropuerto estaba colmado de gente , pero ella no veía rostros ni escuchaba voces.
Tenía el estómago revuelto desde hacía dos días que empezaron esos síntomas, y aunque intentó convencerse de que era por el cambio de clima o la comida del congreso, una parte de ella ya lo sabía.
Venía arrastrando su vieja valija marrón, esa que se le trababa siempre en la misma ruedita, cuando sintió la arcada subir sin permiso.
Soltó la valija, corrió al sanitario más cercano con las manos tapando su boca y apenas logró llegar al lavamanos.
—¡Sofía! —gritó Lili, su amiga, su sombra, que la esperaba con una sonrisa desde la salida—. ¿Qué te pasa?
Ella no pudo responder.
Vomitar era más urgente.
La náusea le cortaba la voz.
Lili entró detrás, le sostuvo el cabello, le mojó la nuca.
—Hace dos días que estoy mal con muchos vómitos—murmuró Sofía, temblando—. En Boston apenas llegué me sentí mareada ,cansada y a veces con náuseas aunque me calmé unos cuantos días. , pero volví a sentirme rara. No sé qué tengo.
Lili es doctora de medicina general, entonces la miró fijo. No necesitó mucho más.
—¿Y tu período? ¿Hace cuánto que no te viene?
Sofía parpadeó.
Tardó unos segundos.
Y entonces, su cara cambió.
—No puede ser…
—Puede. —dijo Lili, y ya tenía la valija al hombro—. Vamos. Acá mismo hay una farmacia. Te compro tres test. Por si uno falla.
Una hora después, Sofía estaba en su dormitorio, sentada al borde de la cama, solo con una bata blanca después de darse una ducha caliente .
El dispositivo de plástico estaba entre sus dedos.
Dos líneas bien claras e indiscutibles y aunque Lili estaba cerca, haciendo un té, Sofía sintió que el mundo se había vaciado.
Estaba embarazada y no tenía idea de qué iba a hacer con eso ahora.
Esa noche lloró y aunque no habló demasiado, dejó que Lili le acariciara la espalda, que le dijera que todo iba a estar bien, que ella la iba a acompañar en lo que ella decidiera.
Pero Sofía no respondía porque ni ella sabía lo que quería.
Ahora, parada frente a su escritorio, de vuelta en el presente, observaba esa hoja que había escrito días atrás.
Todo hecho con una precisión clínica, como si pudiera anestesiar el miedo organizando su vida en puntos ordenados:
Presupuesto mensual.
Estudio genético.
Primer trimestre: chequeos mensuales .
Suplementación recomendada.

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