Habían dejado de besarse, pero seguían en la misma postura cuando la expresión severa de Rafael se volvió fría. Giró lentamente la cabeza y le lanzó una mirada tan intimidante que Ricardo sintió un escalofrío.
¡Qué diablos!
¡Él no tenía la culpa!
La señora estaba embarazada. ¿Cómo era posible que el señor Cisneros siguiera comportándose como un muerto de hambre? Vanessa percibió el disgusto de Rafael y sonrió con los labios apretados.
—Vamos, ¿adónde me vas a llevar? Bajemos.
Vanessa seguía hablando.
Ricardo ya se había acercado con agilidad y había abierto la puerta del auto. Miraba a Vanessa con inmensa gratitud, como si le hubiera salvado la vida.
¡Qué alivio!
Vanessa, quien a partir de entonces sería uno de los dos únicos apoyos de Ricardo, bajó del auto y observó los alrededores. La sorpresa asomó en su mirada.
Villa Primavera.
En esa zona, todavía más exclusiva y costosa que Bahía Serena, no bastaba con tener dinero para comprar una propiedad, pues solo había diez villas en unas sesenta y seis mil setecientas hectáreas.
—¿Qué venimos a hacer aquí?
Vanessa miró a Rafael con curiosidad mientras él bajaba del auto y se acercaba a ella. Su porte alto y distinguido resultaba deslumbrante.
—A ver una casa, por supuesto.
Sonrió, tomó a Vanessa de la mano y caminó rápido hacia la villa 001, cuya entrada apenas habían cruzado cuando un señor vestido de traje y con zapatos de vestir los saludó respetuosamente.
—Señor Cisneros, señora Cisneros, adelante.
Se inclinó un poco y les hizo un gesto para invitarlos a entrar. Dentro los esperaba una fila de unos doce integrantes del servicio doméstico, vestidos con uniformes blancos y negros, que los saludaron con respeto.
—Bienvenidos a casa, señor y señora Cisneros.
¿A casa?
Al notar la confusión de Vanessa, Rafael sonrió y la llevó de la mano entre las filas del personal hacia el interior de la enorme villa, frente a cuya entrada había un jardín con un puente sobre un estanque de lotos.
El estanque era tan grande como los de los parques. Tras caminar unos diez minutos y cruzar el largo puente cubierto que conducía a la casa, entraron.
Allí los esperaba otra fila de integrantes del servicio doméstico.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)
Demasiado vuelta para lo mismo , la escritora se le fue la paloma...
Pago por los capítulos y me salen incompletos…....
Uuuyy es desesperante Vanessa y Rafael que no se hablen con la verdad, y ya despues de 728 capitulos que todavia no sepa quien la salvo es exagerado....