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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 38

Capítulo 38 —¿Qué piensas hacer? —preguntó Alexis, con miedo.

La Vanessa que tenía frente a él le resultaba una desconocida.

Giró la cabeza hacia Rafael y le dijo:

—Rafael, ya la viste. Es una malvada, ¿en serio vas a seguir apoyándola?

Rafael entrecerró los ojos.

—¿Qué tiene de malo cobrar una deuda?

—¡Rafael! —exclamó Alexis, consternado.

Jamás imaginó que su hermano solaparía a Vanessa hasta ese extremo.

Antes de que pudiera seguir pensando, los llantos de auxilio de Natalia volvieron a escucharse.

—Alexis, me siento mal. Me duele, me duele mucho... Ayúdame, por favor...

A Natalia le ardía todo el cuerpo; se retorcía de dolor mientras su piel expuesta se tornaba de un rojo intenso.

Alexis la miraba con angustia, pero como no podía soltarse, solo le quedaba verla llorar desconsoladamente.

Aquellos lamentos le hicieron perder la cabeza y arremetió contra Vanessa con insultos:

—¡Eres una estúpida, Vanessa! No sé qué trucos usaste para que mi hermano te proteja así, pero te advierto: ¡busca a un médico para Nati o no te la vas a acabar! ¡Y olvídate de que me casaré contigo!

Alexis la amenazó, viéndola con odio y desprecio.

Vanessa sintió como si le estrujaran el corazón, pero, curiosamente, no experimentó dolor alguno.

Al ver la verdadera cara de ese patán, entendió que lo mejor era sentirse aliviada.

Les ordenó a los hombres que lo sacaran. Se acercó por detrás y le propinó una patada certera en la parte trasera de las rodillas.

Él cayó de bruces, hincado.

Sus huesos impactaron con tanta fuerza contra el suelo que pareció que iban a romperse.

Alexis soltó un alarido y su cara se enrojeció por el dolor.

—¡Vanessa! ¿Estás loca? ¡Cómo te atreves a hacerme esto! —gritó.

Caminó hasta quedar frente a él y lo miró con frialdad desde arriba.

—El día que no te presentaste al registro civil, terminamos. Después de esto, les informaré a tus padres sobre nuestra ruptura y la cancelación del compromiso —añadió—. ¡De ahora en adelante, no hay nada entre nosotros!

Vanessa sonaba firme y contundente, sin ninguna duda.

Su determinación dejó a Alexis atónito por un momento.

Antes de involucrarse con Alexis, Vanessa era una joven radiante y segura de sí misma, con nu carácter bondadoso y honesto.

Siempre se cobraba las ofensas.

Nunca fue alguien a quien se pudiera pisotear con facilidad.

En cuanto se marcharon, Alexis se apresuró a llamar a un médico.

El doctor se quedó impactado al ver la quemadura en el pecho de Natalia y comenzó a atenderla.

Como habían tardado en avisar, la zona afectada ya presentaba ampollas.

Durante la curación, Natalia no dejaba de sollozar de dolor mientras apretaba con fuerza la mano de Alexis.

—Alexis, me duele... me duele mucho...

Aunque eran hermanos, él no dejaba de ser un hombre y, al ser una zona tan íntima, quiso apartarse; sin embargo, Natalia le suplicó entre lágrimas que no la dejara sola.

No tuvo más remedio que quedarse, aunque giró la cabeza para no mirar. El simple hecho de escuchar los lamentos de Natalia le partía el alma y hacía que su odio hacia Vanessa creciera de forma visceral.

—¿Me va a quedar una cicatriz? ¿Por qué Vanessa me hace esto? Primero me arrojó cosas y ahora me echa agua hirviendo a propósito... ¿No piensa parar hasta matarme? —preguntó Natalia.

Su llanto se volvió más intenso, con una angustia tal que le habría roto el corazón a cualquiera que la escuchara.

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