Los reporteros seguían allí y captaron con claridad las expresiones de todos. Los usuarios en línea volvieron a analizar si la noticia era cierta a partir de aquellas reacciones. En ese momento, Vanessa miraba las noticias. Satisfecha, volvió la mirada hacia Rafael.
—Ahora todos en internet hablan de que quedaste gravemente herido y en coma. Supongo que no tardará en suceder lo que dijiste.
Rafael la miró en silencio; parecía sentirse culpable.
—¿En serio no me culpas, cariño? La última vez no pudimos terminar la sesión de fotos de boda por culpa de algunos contratiempos y ahora volvieron a arruinarla. Te debo mucho.
Vanessa lo miró fijamente, se acercó y le tomó la cara entre las manos, agradecida.
—Lo único que me importa es que estés bien. Si esta vez no pudimos tomar las fotos, lo intentaremos la próxima; si tampoco podemos, habrá otra oportunidad. Pero si te pierdo, lo pierdo todo.
Vanessa estaba de pie frente a él; Rafael permanecía sentado en la cama. Alzó un poco el mentón para mirarla; ella bajó la cabeza y sus miradas se encontraron.
La luz del techo caía sobre ellos. Una fina capa de sombra los envolvía y convertía aquel hermoso instante en una escena de ensueño.
Rafael sonrió reconfortado. La miró con intensidad y dijo, conmovido:
—Cariño, soy tuyo y lo seré toda la vida.
Después de decirlo, sacó un estuche para anillo del bolsillo interior del saco.
—Mira si te gusta.
Vanessa lo miró sorprendida y abrió la caja. Dentro había un diamante rosa de diez quilates que resplandecía.
—¿Y esto?
Vanessa lo miró, confundida.

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