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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 1114

En cuanto lo vio, el chofer abrió la puerta del auto con respeto. Rafael subió y, cuando el chofer estuvo al volante, le ordenó que lo llevara a las afueras.

Emilio estaba encerrado en el almacén abandonado de las afueras, sin nadie por los alrededores, en medio de un silencio tal que solo se oían las olas del mar.

Al aparecer Rafael, Emilio se arrodilló frente a él y empezó a suplicarle.

—Por favor, déjame ir. Ya te dije todo lo que tenía que decir.

—¿Para qué me tienes encerrado aquí? ¡¿Qué quieres hacer conmigo?!

Emilio estaba al borde de un colapso emocional después de un encierro peor que la muerte, lamentando haberle hecho caso a Alexis y haber regresado al país.

—Deberías agradecer que sigues con vida.

Rafael estaba de pie frente a él con aire de superioridad. Su alta figura proyectaba una sombra que cubría a Emilio.

Casi sin esperanzas, Emilio alzó la cabeza y lo miró con expresión dolida:

—¿Qué tengo que hacer para que me dejes en paz?

—Aunque haya cometido un error, ¡no deberían involucrarme en los conflictos de la familia Cisneros! ¡Soy inocente!

Apretaba los dientes con tanto odio que parecía a punto de rompérselos. Tenía los labios resecos, agrietados y pálidos. Al hablar tan alterado, las grietas se abrieron y empezaron a sangrar mientras Rafael lo miraba con indiferencia.

—Alexis está tan bien escondido... Dime, ¿cómo podríamos hacerlo salir?

—¿Qué crees que hará cuando sepa que estás en mis manos?

La expresión de Emilio cambió y empezó a temblar sin control mientras extendía los brazos para intentar aferrarse a la pierna de Rafael:

—No, no puedes hacer eso. Alexis está loco.

Cuando Rafael retrocedió para evitar que lo tocara, uno de los sicarios le dio una patada en la espalda a Emilio y lo derribó boca abajo. Luego le plantó un pie encima.

—¡Quédate quieto, carajo! ¡Si vuelves a moverte, te arranco los brazos!

Emilio se aferró con todas sus fuerzas al piso de cemento. Se raspó las yemas de los dedos hasta despellejárselas, pero siguió soportando la humillación con los dientes apretados.

La cara severa de Rafael no reflejaba emoción alguna.

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