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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 1188

Pero alguien había alterado los registros de chat y los había editado con Photoshop con el único fin de desprestigiarla.

—¡Quiero saber quién demonios me quiere hundir! ¡Maldita sea! ¿No va a quedar tranquila hasta verme hundida y desprestigiada o qué?

Bianca se enojó, y mucho, pues, aunque no le importaba la fama, sin reputación no tendría oportunidades de ganar dinero, lo cual la tenía de lo más agobiada.

—Esos mensajes no los mandaste tú, ¿verdad?

—Claro que no, los alteraron.

Del coraje, a Bianca se le quitó el sueño, y su cuerpo, que sentía como si tuviera los huesos a punto de romperse, pareció recuperarse.

Se moría de ganas de encontrar a todos los que estaban armando ese escándalo tras bambalinas y darles una buena lección.

—Esto es muy fácil de resolver, no te acalores tanto.

Vanessa sabía cómo lidiar con los registros alterados; lo que más le interesaba era desenmascarar a quien estaba detrás.

Bianca se echó el cabello hacia atrás y suspiró.

—Si tú te encargas, me quedo tranquila. Es solo que no soporto el coraje.

—Espera un poco más. Seguro pronto descubrimos quién está haciendo todo esto.

—Bueno, bueno.

No quedaba de otra.

Bianca cedió.

Colgó y se levantó a asearse. Apenas terminó su rutina de cuidado de la piel, la llamó su mánager para preguntarle si el contenido de los chats era cierto.

Bianca no tenía ganas de dar muchas explicaciones y fue directa:

—¡Es falso! ¿Quieres que publique los registros para demostrar mi inocencia?

La mánager lo descartó.

—En un momento crítico como este, si haces eso, les estarás siguiendo el juego. Júntate menos con esa gente sin fama, o la vas a pasar muy mal.

Bianca la dejó quejarse sin responder hasta que, antes de colgar, la mánager le recordó:

—Te pospuse los trabajos. De todos modos ya casi es Año Nuevo, así que retomas después. Así, de paso, este asunto tiene tiempo para enfriarse.

—Entendido.

No hay mal que por bien no venga. Bianca aceptó con una sonrisa y fue a la sala.

Se tomó un vaso de agua tibia y después fue a la cocina abierta a preparar pasta.

Apenas echó la pasta en el agua hirviendo, entró una llamada de Sergio, quien obviamente había visto las tendencias, porque lo primero que dijo fue:

—¿Viste las tendencias?

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