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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 1196

Él, siempre tan distinguido como una deidad, un hombre por encima de todos, jamás se rebajaba a agredir a nadie.

Ni siquiera a un hombre lo golpearía él mismo, mucho menos a una mujer.

Rafael se puso frente a ella, levantó las manos y la tomó por los hombros, delgados y frágiles, con una mirada tan tierna que parecía a punto de desbordarse.

—Quien te ponga triste o te quite la alegría se está metiendo conmigo. No importa si es hombre o mujer. Lo único que sé es que me corresponde defenderte.

Vanessa sintió una gran calidez y sonrió, muy conmovida.

—Ahora eres todo un... esposo de diez.

Lo abrazó riendo, le rodeó la cintura y se recargó contra él, radiante.

Igual que hace diez años, cuando Rafael la vio por primera vez, era como un pequeño sol resplandeciente, luminosa, desenfadada, libre...

La mirada de Rafael se volvió aún más tierna. Inclinó la cabeza y la besó varias veces en la frente.

Tenerla a su lado en esta vida hacía que todo valiera la pena.

Rafael mandó a Camila a la delegación, donde la policía la detuvo por lesiones dolosas.

Al enterarse, a Andrea se le cayó la taza, que se estrelló con estrépito contra el suelo y se hizo añicos.

Al verla tan pálida, una enfermera creyó que a algún paciente le pasó algo.

—Doctora Estrada, ¿qué tiene? ¿Pasó algo?

A Andrea se le heló la sangre. Dijo que no era nada y regresó a toda prisa a su oficina.

En el camino, incluso chocó con un paciente y con otra enfermera, y la primera se quedó todavía más extrañada.

Poco después, la enfermera con la que Andrea había chocado se acercó a la primera y también se quejó, confundida:

—La doctora Estrada está como ida. Quién sabe qué le pasó.

—Mira, esto también es obra suya.

Cuando la primera enfermera señaló con el mentón los restos de la taza, que la señora de la limpieza estaba barriendo, la otra sintió todavía más curiosidad.

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