Vanessa llegó a la puerta de la oficina de Leandro, y el asistente le dijo que él estaba en una llamada. Vanessa no dejó que el asistente la anunciara. Tocó la puerta y entró. Escuchó a Leandro decir:
—Está bien. Lo que te guste comer, lo que quieras comprar, cómpralo. No tienes que cuidarme el dinero. Además, es tu cumpleaños; yo quisiera que escogieras todavía más regalos. Cuando termines de comer con tus amigos, apártame un rato y te acompaño a partir el pastel, ¿te parece?
Leandro hablaba con dulzura, en voz baja, para consentir a quien estaba al otro lado de la línea.
Era la primera vez que Vanessa lo veía tan tierno. Hablaba con muchísimo cuidado, como si temiera que una sola palabra dicha en voz alta asustara a la persona con la que hablaba.
Era fácil imaginar cuánto quería a esa hermana.
—Bueno, ahora mismo te lo transfiero.
Sin siquiera colgar, Leandro le hizo una transferencia. No había notado que Vanessa había entrado; no tuvo tiempo de mirarla y volvió a preguntarle a su hermana:
—Ya te lo transferí, trescientos mil dólares. Fíjate si te alcanza; si no, me dices.
—Sí alcanza. Eres tan bueno conmigo. ¡Te quiero!
Rebeca estaba encantada; su voz dulce no lograba disimular la alegría. Vanessa escuchó la voz que se escapaba del auricular y se inquietó un poco. Leandro se veía muy feliz y cariñoso.
—Rebe, mientras tú estés contenta, haría lo que fuera por ti.
—Bueno, voy a salir de compras con mis amigos. En la noche te busco.
—Está bien.
Rebeca colgó a toda prisa, casi sin escuchar lo que él decía. A Leandro no le importó; tenía una sonrisa de satisfacción. Al levantar la mirada, vio a Vanessa y se sorprendió bastante.
—¿Cuándo llegaste?
Leandro se levantó y se acercó a ella. Vanessa movió la mirada, pensando en algo y sonrió.
—Hace unos minutos. Estabas tan ocupado consintiendo a tu hermana que no te diste cuenta.
Leandro le indicó con un gesto que se sentara en el sofá.
—Estuvimos separados tantos años y me costó tanto encontrarla que solo quiero compensárselo como se debe. Además, gracias a ti pude encontrarla. Si lo pienso bien, todavía tengo que agradecértelo.
Vanessa se sentó.
—No fue nada. Somos amigos; no tienes que ser tan formal.
—Es solo una muestra de gratitud, no me la rechaces.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)
Me pueden decir en qué momento se aman felices Vanessa y Rafael? Ya estoy aburrida de leer lo mismo...
Cómo se obtienen bonos?...
Es la única manera de desbloquear más capítulos, no hay forma para ver videos promocionales o algo así?...
Suban más de Bianca y Sergio esa historia está más interesante ahora...
Porque tengo que pagar si dice "completamente gratis" antes de ingresar a la página????...
Demasiado vuelta para lo mismo , la escritora se le fue la paloma...
Pago por los capítulos y me salen incompletos…....
Uuuyy es desesperante Vanessa y Rafael que no se hablen con la verdad, y ya despues de 728 capitulos que todavia no sepa quien la salvo es exagerado....