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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 1218

Vanessa dio dos pasos al frente, Verónica se apartó para dejarla pasar y ella llegó a la cabecera de la cama, donde lo primero que hizo fue tomar la mano de Bianca.

—¿Y qué dijo el doctor? ¿Es grave? ¿Te va a quedar cicatriz?

Se le veía especialmente nerviosa, y hasta en la voz se le notaba lo mucho que le dolía verla así. Verónica sabía lo unidas que eran, así que le hizo una seña con los ojos a Rafael y los dos salieron de la habitación.

—¿Y Sergio? ¿No vino? —le preguntó Rafael a Verónica, mirándola en cuanto salieron.

Verónica alzó la mirada.

—Está en una cirugía que ya casi termina. Le dejé dicho a la enfermera que venga en cuanto salga del quirófano.

Rafael puso cara de comprender y asintió.

—Esto tiene que resolverlo él.

Las investigaciones sobre lo ocurrido antes habían revelado que en todo estaba involucrada Andrea. Aunque no había pruebas directas, era casi seguro.

—Todo esto empezó por él. Claro que le toca resolverlo.

Dentro de la habitación, a Bianca le dio risa la cara de preocupación de Vanessa, y además sintió que se le calentaba el corazón.

—Vane, de verdad estoy bien, créeme. El doctor dijo que solo es cuestión de tiempo y que no me va a quedar cicatriz. Confía en mí, ¿sí?

El doctor sí había dicho eso, solo que ella lo había contado de la forma más optimista. Lo que el doctor dijo en realidad fue que era muy probable que le quedara cicatriz, pero que, si pasaba, más adelante podría tratarse con medicina estética.

No quería que Vanessa se preocupara de más, así que no entró en detalles. Vanessa la conocía mejor que nadie.

—Ya deja de consolarme. La que salió herida eres tú; la que necesita que la consuelen eres tú —la regañó con cariño—. Como sea, aunque te quede cicatriz, voy a buscar por todo el mundo al mejor doctor para que te la quite.

Lo dijo con un tono imponente, pero lo decía de corazón. A Bianca se le escapó una risita.

—Está bien. Si me queda cicatriz, te dejo eso a ti.

Solo entonces la expresión de Vanessa se suavizó un poco. Aun así, la seguía mirando con dolor por ella. Bianca no sabía si reír o llorar, y se le enrojecieron los ojos.

—Tonta.

Vanessa le pellizcó la mejilla.

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