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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 1230

—Doña Herminia, no hable así de Sergio. Al final, la culpa de todo esto es de mi hermano; no debió hacerle eso a Bianca. Pero mi hermano ya recibió su castigo, y lo único que espero es que Sergio lo perdone esta vez.

—Ay, niña, si tienes algo que decir, dilo con calma. ¿Qué es esto?

Herminia se quedó atónita y le ordenó enseguida al mayordomo que la ayudara a levantarse. Pero Andrea siguió de rodillas y alzó los ojos anegados en lágrimas.

—Doña Herminia, los Estrada solo tenemos un hijo varón. Si a mi hermano le pasa algo, no sé cómo voy a explicarles a mis padres. Se lo suplico, ayude a mi hermano.

Las lágrimas le rodaban por las mejillas; se veía tan frágil y desamparada que despertaba compasión. A Herminia se le partió el corazón y accedió sin dudarlo:

—Te lo prometo. Ya levántate. Pase lo que pase, no voy a permitir que nadie vuelva a hacerle daño a tu hermano. Te lo garantizo con lo que me queda de vida, ¿te parece? —le aseguró.

Andrea, conmovida, sonrió entre lágrimas.

—Gracias, doña Herminia.

Al ver aquello, el mayordomo pensó que la cosa pintaba mal. Después de ayudar a Andrea a ponerse de pie, miró hacia la puerta y se preguntó por qué Sergio todavía no llegaba. Y, como si lo hubiera invocado con el pensamiento, no tuvo que esperar más.

La puerta se abrió desde afuera y entró una figura alta, esbelta y apuesta. Sergio tenía predilección por el blanco. Se había cambiado y llevaba un conjunto deportivo blanco; desprendía un aire fresco y limpio, y con solo estar ahí de pie llamaba muchísimo la atención.

A Andrea se le detuvo el corazón; al verlo, sintió una inquietud inexplicable, acompañada de un tono de añoranza.

—Sergio...

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