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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 1241

Rafael vio alejarse a la persona que se había acercado a la de la máscara de plumas, se puso serio y le dijo a Sergio:

—A tu izquierda, ¿la ves?

Sergio dirigió la mirada hacia allá y notó que la silueta de la máscara de plumas le resultaba muy familiar. Era casi idéntica a la de Camila. Sergio entrecerró los ojos.

—¿Camila?

—Es ella.

Rafael recorrió el lugar con la mirada, pero no vio a Ernesto. Al parecer, el viejo seguía siendo lo bastante precavido para no dejarse ver. En la subasta había varias decenas de personas, y pronto llegó la hora de empezar.

Rafael y Sergio decidieron sentarse en la misma fila que Camila, del otro lado. En la subasta de esa noche, cada uno tenía en la mano una paleta específica, que también era el seudónimo con el que había entrado.

Antes de entrar, les pidieron que no llevaran celulares ni ningún aparato para tomar fotos o grabar. Además, tenían que dejarlos en unos casilleros y solo podían recogerlos al salir. Fuera quien fuera, ahí todos debían respetar las reglas.

Por eso nadie en la sala tenía celular, y cada artículo de la subasta era más raro que el anterior. Hasta había reliquias históricas valiosísimas, de esas que, si te atrapaban con ellas, te costaban cadena perpetua. A Camila no le interesaba nada de eso. Rafael y Sergio, de vez en cuando, fingían interés y levantaban la paleta, pero no competían con nadie.

Hasta que salió el último lote, el plato fuerte de la noche, el fármaco especial contra el VIH. El precio de salida era de un millón de dólares. Como era de esperarse, en cuanto empezaron las pujas, Camila levantó la paleta sin dudarlo.

—Tres millones.

—Cinco millones.

—Ocho millones...

Cada oferta superaba a la anterior. Los presentes pujaban uno tras otro; parecía que a todos les interesaba mucho. Camila volteó a mirar a los demás y luego dirigió la mirada hacia la silueta que tanto se parecía a la de Rafael.

No tenía tiempo de averiguar si de verdad era él, pero estaba decidida a conseguir ese fármaco a como diera lugar.

—¡Doce millones!

Toda la sala se alborotó. Esa oferta superaba un poco el valor del fármaco. Además, a todos les había llegado la noticia de que, dentro de un tiempo, Farmacéutica Solaris, una empresa internacional, iba a lanzar el primer lote del fármaco especial.

Aunque no se sabía el precio, serían nada menos que diez dosis. Por caro que fuera, no podía costar más de doce millones, ¿o sí? Todos empezaron a dudar y nadie subió la oferta. Cuando el martillo estaba por caer, Rafael levantó su paleta.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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