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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 402

Capítulo 402

-Camila, no me obligues. Si algo le pasa, te destruyo con mis propias manos.

Rafael terminó la advertencia con tono cortante, la liberó y se alejó con paso firme.

Camila, llena de pánico, intentó seguirlo, pero Rodrigo la sujetó.

-¿No te cansas de dar vergüenza?

Camila forcejeó con fuerza y le gritó, exasperada:

-¡Suéltame!

Tenía miedo. Miedo de que después de esto, Rafael ya ni siquiera la mirara.

Quería correr tras él, pero no lograba zafarse de Rodrigo.

Vio con impotencia cómo Rafael subía al auto y se marchaba; casi perdió la cordura y se puso a golpear a Rodrigo con todas sus fuerzas. Él, sin embargo, la arrastró a la fuerza, la metió al auto y se la llevó de allí.

El auto arrancó y se integró al flujo de la carretera.

Camila seguía llorando y gritando dentro del vehículo, con el aspecto de una mujer fuera de sí.

Rodrigo suspiró con cansancio.

-¿Ya terminaste tu berrinche?

Camila lo miró con furia.

-¿Quién te mandó meterte en mis asuntos? No te metas en lo que no te importa. Para el auto y déjame bajar.

Rodrigo no dio señales de querer detenerse.

Camila, casi enloquecida, estiró la mano para abrir la puerta, pero él la jaló de vuelta con brusquedad.

-Mírate, mira cómo te estás comportando. Eres una Zárate, estás haciendo el ridículo.

Camila pareció herida por esas palabras, y las lágrimas le resbalaron por las mejillas.

Lo miró con una sonrisa desolada, como ida.

-Dignidad, dignidad, todo el mundo habla de

dignidad. Por esa dignidad, ¿saben cuánto he sufrido? Hace cinco años hablaban de dignidad, y cinco años después siguen con lo mismo. Solo estoy buscando mi propia felicidad, ¿tan difícil es eso?

La cara severa de Rodrigo se entristeció.

-A mí no me digas esto, ve y díselo a ellos.

Después de llorar y gritar, Camila fue calmándose poco a pосо.

Se recostó despacio contra Rodrigo y, con voz muy bajita, dijo:

-Rodrigo, en serio quiero irme de esta casa.

Sentada frente a la mesa, Vanessa comía el postre mientras observaba a Bianca. Dudó un momento antes de hablar.

-Bianca, en estos días voy a empezar a buscar departamento.

Ella dejó de comer y levantó la mirada.

-¿No quieres quedarte conmigo? ¿Tan pronto te vas a ir?

Vanessa sonrió.

-No es eso, ¿qué estás pensando? Busco un lugar para tener más cerca el trabajo, ya sabes, ahora hay muchísimos asuntos en el grupo, no me conviene quedarme aquí.

Bianca lo pensó y le dio la razón.

-Está bien, entonces cuando tenga tiempo paso y me quedo en tu casa.

Vanessa sonrió con alegría sincera.

-Claro, cuando quieras eres bienvenida, es más, no tienes derecho a dejar de visitarme.

Bianca también sonrió y le pasó una papita frita.

-Come más, no tengo muchas oportunidades de cocinar.

Y eso no era mentira. Desde que Bianca entró al mundo del modelaje hacía dos años, los desfiles, las campañas y las sesiones de fotos no le daban tregua, y estaba volando de un país a otro sin descanso. Las oportunidades de verse se habían reducido muchísimo.

Pero al ver que a Bianca le iba tan bien en su trabajo, Vanessa se alegraba por ella de corazón.

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