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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 578

Capítulo 578

Al principio le preocupaba que la muerte de los padres de Vanessa le hubiera dejado un trauma psicológico grave. Vanessa sonrió y empujó a Bianca dentro de la habitación.

Eran las diez de la mañana. Rafael había comido un poco de avena ligera y acababa de tomarse el medicamento.

Hacía un momento ellas habían hablado en la puerta, y él lo escuchó todo. Bianca lo miró y dijo con una risita:

—Parece que el señor Cisneros se recupera a una velocidad nada común. Hoy se le ve mejor cara que ayer.

Rafael llevaba dos días con suero y medicación. El médico decía que así se aseguraba de que no hubiera inflamación, lo cual ayudaba a la recuperación.

—Gracias a ti, no estoy mal.

Rafael curvó apenas sus labios finos y posó en Vanessa sus ojos negros como la noche, con inquietud y ternura.

—¿Tan pronto vas a darte de alta? ¿Ya estás bien? ¿No deberías quedarte un poco más en observación?

—No hace falta. El médico dijo que no hay inflamación en los pulmones, que no volvió la fiebre y que con dos días de tratamiento estaré bien.

Vanessa vio la aguja del suero clavada en el dorso de su mano, con las venas marcadas a simple vista. En esos dos días Rafael había adelgazado de forma notoria, y Vanessa no pudo disimular la preocupación.

—No te preocupes por mí, yo sé cómo estoy. Lo que tienes que hacer ahora es descansar bien.

—Si tú estás bien, yo voy a estar bien.

Rafael la miró con ternura, sin apartar la vista de ella. A Bianca se le puso la piel de gallina.

—Ustedes me dan miedo, no debí haber venido.

Se dispuso a salir. Apenas giró la silla de ruedas, alguien abrió la puerta de la habitación desde fuera y Sergio Villalobos entró con su bata blanca.

—No es para tanto, señor Cisneros. Era mi deber, y poder ayudarlo es también un honor para mí.

—Y bueno, tampoco soy tan buena como dice Sergio.

Eso decía Andrea, pero la sonrisa no podía ser más radiante; tenía en la mirada una alegría imposible de disimular. Se notaba que entre ellos había buena relación.

—Solo digo la verdad, no seas modesta — dijo Sergio con voz suave.

Bianca escuchaba ese ir y venir entre los dos y sintió una presión; sin darse cuenta, apretó los apoyabrazos de la silla de ruedas.

Volteó disimuladamente a mirar y, por primera vez, vio en el rostro de Sergio una sonrisa así de tierna. Palideció un poco у sintió una punzada. Maldita sea, así que no era inexpresivo, también sabía sonreír.

Bajó los párpados, giró la cabeza, presionó el interruptor de la silla eléctrica y salió de la habitación sin hacer ruido.

Vanessa vio a Sergio y Andrea reír y conversar, y sin pensarlo volteó a buscar a Bianca. Solo alcanzó a ver a Bianca alejándose en silencio en la silla de ruedas; se veía desolada.

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