Aurelio acababa de enterarse de lo sucedido. Cuando acompañó en persona a Rafael y a Vanessa hasta la salida, se disculpó varias veces.
—Fue descuido mío no atenderlos como correspondía y arruinarles la noche a los dos. Lo lamento mucho; les prometo que iré a su casa a ofrecerles una disculpa formal.
Vanessa subió al auto.
Rafael lo miró con calma.
—Tanto el personal de seguridad de los Heredia como el doméstico necesitan ser disciplinados.
—Tiene toda la razón, señor Cisneros. Me aseguraré de investigarlo a fondo —repuso Aurelio—. Les doy mi palabra de que les daré una explicación a los dos por lo ocurrido esta noche.
Observó a Rafael subir al auto y alejarse. En cuanto el vehículo se fue, Aurelio se puso serio, consumido por la furia.
Se volvió hacia el mayordomo a su lado y le ordenó enfurecido:
—¡Averigua quiénes vinieron a causar problemas esta noche! ¡La van a pagar muy caro!
—Entendido, señor. —El mayordomo asintió con respeto.
Solo cuando Aurelio regresó furioso al interior, el mayordomo se secó el sudor a escondidas. Verónica se preparaba para irse en el auto de Leonardo, pero Rodrigo se ofreció a llevarla.
Leonardo desconfiaba.
—No tiene por qué molestarse, señor Zárate. Yo me encargo de llevarla.
Verónica quiso hablar, pero prefirió callar. Le pareció bien que Leonardo se negara. Durante el alboroto que se desató poco antes, ella había estado junto a Fernanda y Leonardo, así que no se enteraron de nada. Solo cuando vieron a los paparazis y a varias personas expulsadas por la fuerza se acercaron a preguntar. Así supieron que a Vanessa le habían tendido una trampa para calumniarla, y que todo salpicaba a Rodrigo.
Rodrigo arqueó una ceja.
—¿Al señor Soto no le basta con llevar a una, sino que además insiste en llevarse a otra?
—¿Y qué? Se me da la gana.
Leonardo no le mostró la menor consideración. A Rodrigo no pareció importarle y se limitó a sonreír.
Verónica intuyó que si él insistía en llevarla, debía de tener un motivo.
—No te preocupes. Me iré con el señor Zárate; así podemos hablar.
La intervención de Verónica dejó sin argumentos a Leonardo. Después de todo, sabía de sobra que ella era una mujer muy prudente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)
Uuuyy es desesperante Vanessa y Rafael que no se hablen con la verdad, y ya despues de 728 capitulos que todavia no sepa quien la salvo es exagerado....