Alexis no se rendía. La insistencia ya le estaba dando dolor de cabeza a Vanessa, y además quería saber cuál era ese famoso asunto importante. Así que lo dejó entrar.
—Más te vale que de verdad sea algo importante.
Vanessa se mantuvo fría; ya no le quedaba ni una pizca de afecto por él. Esa frialdad le dolió a Alexis en lo más hondo. No soportaba haberla perdido así.
—Vanessa, perdóname. Apenas me enteré de tu accidente; por eso vine a verte apenas pude. ¿Cómo estás? ¿Ya te sientes mejor?
Alexis, nervioso, se esforzaba por mostrarse atento, como si la amara con locura. A Vanessa se le revolvió el estómago al verlo. Lo miró con asco.
—No tengo tiempo para verte fingir que estás enamorado. Si tienes algo que decir, dilo; si no, lárgate.
Alexis terminó de convencerse de que Vanessa había dejado de amarlo hacía mucho. Si no, no sentiría tanta repulsión por él. Hasta en la mirada se le notaba el desprecio.
Aun así, no se resignaba.
—Todo fue culpa de mi papá. Siempre odió que Rafael te diera el veinte por ciento de las acciones. Pero ¿sabes por qué mi papá salió tan bien librado de todo?
Vanessa lo miró con dureza.
—¿Qué quieres decir?
—Porque Rafael jamás permitiría que a mi padre le pasara algo, y mucho menos se pondría de tu lado.
—Rafael entregó todas las pruebas a la policía. Los hombres de Damián confesaron todo. Incluso...
Alexis se detuvo. A Vanessa se le detuvo el corazón.
—¿Incluso qué? —insistió.
—Incluso Damián obedeció órdenes de Rafael, y por eso no delató a mi papá.
Alexis parecía indignadísimo.


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