Capítulo 582
La agencia, sin importar lo que ella dijera, le entregó de todos modos a Claudia todos los contratos que le correspondían a Bianca.
Bianca temía que, si seguía descansando, perdiera la carrera que tanto le había costado levantar. Vanessa conocía demasiado bien a Bianca; que dijera que no pasaba nada no significaba que no estuviera pasando nada. Por eso llamó a Daniel y le pidió que averiguara.
En menos de diez minutos, Daniel le dio la respuesta. Resultó que a Bianca le habían quitado el trabajo para dárselo a otra. Nada menos que a la persona que la lastimó a propósito.
Vanessa no pudo evitar reprocharse. Antes había querido resolver primero el asunto del asesino de su padre y luego ayudarla a investigar lo del sabotaje a sus tacones.
No imaginó que con esos pocos días de retraso le quitarían a Bianca hasta el trabajo.
—Encárgate de este asunto. Quienquiera que le haya tendido una trampa a Bianca tiene que
pagar las consecuencias. Bianca es de las mías, y no voy a permitir que nadie la pisotee —dijo Vanessa con voz fría.
La luz del techo le sombreaba la cara y la hacía parecer alguien con quien era mejor no meterse.
Incluso Daniel, al otro lado del teléfono, lo percibió con claridad. Daniel no perdió tiempo; esa misma noche mandó a alguien a ocuparse del asunto.
A la mañana siguiente, temprano, después de que Vanessa volvió a la empresa y terminó su reunión, Daniel le contó lo que había descubierto.
—Según el análisis de imagen del ingeniero Palma, se confirma que quien dañó los tacones de la señorita Bianca aquella vez fue una mujer.
Sacamos las grabaciones del pasillo y comparamos el iris de la persona del video con el de Claudia. Se confirma que es ella.
—¿Y qué esperas? Ponte a trabajar.
Vanessa lo miró, intimidante. A Daniel le daba envidia y hasta celos ver cuánto le importaba Bianca.
—Ese es el problema. Hace poco, los de
operaciones querían contratar a alguien para una campaña que promocionara el conjunto residencial, y dieron precisamente con la agencia de la señorita Bianca; ellos recomendaron a Claudia, y hoy se firma el contrato.
Vaya casualidad. También había intereses de por medio. Vanessa no se ocupaba de los asuntos de operaciones; los había dejado en manos de Federico Serrano. Y, además, el alto ejecutivo encargado de este proyecto era un veterano de la empresa.
Cuando llegó la hora de firmar, Vanessa entró a la oficina. El contrato ya estaba firmado. Al verla llegar, el gerente del departamento se puso de pie y la saludó con respeto.
—¿Cómo es que tiene tiempo de venir, señorita León?

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