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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 66

Capítulo 66 Al ver que Vanessa no decía nada, Rafael se acercó un paso y levantó una ceja.

—¿Es lo único que vas a preguntar?

Ella lo miró a los ojos, dudando un poco. Después de un momento, por fin se animó a hablar.

—Alexis le dio mi guion a Natalia, así que decidí que voy a demandarlo.

Rafael no lo pensó dos veces y asintió. Vanessa se sorprendió por su reacción.

—¿No crees que estoy exagerando?

—Es algo que te afecta, así que tienes toda la razón para actuar como quieras —respondió Rafael, mostrándose tranquilo y amable.

Eso le dio a Vanessa la extraña sensación de que él la apoyaría sin importar lo que hiciera. Pero no quiso hacerse ilusiones para no terminar sintiendo que se estaba imaginando cosas que no eran.

Asintió y apartó la mirada.

—Está bien, entiendo.  En ese momento, Juana avisó que la comida ya estaba lista. Vanessa sintió que él la observaba fijamente y se puso tan nerviosa que intentó irse rápido. De pronto se tropezó con la pata de una mesa y estuvo a punto de caerse, pero Rafael la sujetó con firmeza de la cintura. Al quedar atrapada en sus brazos, sintió el calor de su pecho y su cara se puso roja como un tomate.

—Ten cuidado —dijo él con una sonrisa—. Sigues siendo igual de distraída que cuando eras niña.

—No soy distraída, solo fue un accidente — respondió ella.

—No se burle, abuelo. Solo son unos asuntos que tengo que arreglar.

El abuelo había escuchado algo sobre una demanda y Alexis, pero no quiso preguntar los detalles.

—Eres mi nieta. Si alguien se quiere aprovechar de ti, defiéndete sin miedo. No importa qué pase, yo te respaldo —dijo él con mucha seguridad—. Solo acuérdate de no dejar que nadie te pase por encima y cuídate mucho.

Lo dijo con un tono muy protector, demostrando cuánto la quería. Vanessa siempre había sido una joven muy consentida y, en toda su vida, el único que la había hecho sufrir era Alexis. Pero eso ya se había acabado.

—Ya me lo ha dicho muchas veces, abuelo, y ya me lo aprendí. Le prometo que no dejaré que nadie se aproveche de mí.

Ella lo abrazó con una sonrisa radiante. Don Roberto le dio unas palmaditas en la mano, sintiéndose muy feliz. Vanessa se quedó a comer con él y se retiró después del mediodía. Ya en el auto, le llegó un mensaje de Fernanda diciéndole que revisara el aviso que acababa de publicar la empresa.

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