Capítulo 450
Por lo general, de esas cosas se encargaba la enfermera particular, pero cuando Vanessa tenía tiempo, prefería ir ella misma a hacerlo.
Hacía apenas un momento, Rafael había ayudado a asear al abuelo, algo que la tomó totalmente por sorpresa. Con mucho esfuerzo había logrado calmar sus sentimientos, pero ahora, sin poder evitarlo, su corazón volvía a acelerarse.
—Señorita...
Aurelio se acercó a ella con cara apenada.
—El señor Cisneros insistió en que quería hablar con su abuelo, y solo por eso lo dejé pasar.
—Descuide. Si vuelve por aquí, no le haga caso —respondió sin reprocharle nada; después de todo, Aurelio siempre había sido leal al abuelo.
Él suspiró, aliviado.
—Muchas gracias, señorita, de ahora en adelante tendré más cuidado.
La miró con cierta vacilación, pero al final no
dijo más. Solo pensó que era una lástima. Si hasta el propio abuelo no paraba de elogiar al señor Cisneros, no entendía cómo algo que iba tan bien había terminado así.
Vanessa llegó al pie del edificio del Residencial Los Álamos, su nuevo hogar.
Daniel le envió un mensaje: "Señorita, mañana tiene una cena con un cliente y por la tarde hay junta de rutina".
Vanessa leyó el mensaje y tecleó su respuesta:
"Está bien, entendido".
Guardó el celular y entró al edificio a esperar el ascensor.
De pronto, una figura se acercó despacio y se detuvo a su lado. Al percibir algo raro, Vanessa lo miró de reojo, y sus ojos se ensombrecieron.
—¿Me estás siguiendo?
Alexis, con la cara algo demacrada aunque todavía apuesta, estaba de pie junto a ella. Al escucharla, se apresuró a explicarse:
—No, no pienses mal. Llevo un rato esperándote; cuando entraste no me viste, eso
es todo.
Vanessa recordó la vez anterior que se lo había encontrado en ese mismo sitio.
—Así que viniste a emboscarme. Vaya manera de malgastar tu vida.

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