La noticia encendió las redes sociales y se apoderó de las tendencias. Enseguida Vanessa recibió una llamada en su celular y dejó entrever su satisfacción. En vez de contestar, entró al baño a ducharse.
Durante toda la noche no pararon de llegarle llamadas y mensajes, algunos de amigos preocupados y otros de las empresas con las que colaboraba.
Vanessa no le respondió a nadie. Silenció el celular y se fue a dormir.
A la mañana siguiente, ya habían retirado casi todas las tendencias relacionadas con la noticia, pero la gente seguía hablando del tema.
Vanessa llegó temprano al hospital. Llevaba ropa discreta, mascarilla y lentes oscuros, por lo que resultaba casi imposible reconocerla.
Daniel detuvo el auto frente a la entrada. Al ver a los paparazis al acecho, se volvió hacia Vanessa, que iba en el asiento trasero.
—Señorita, todo marcha según el plan.
La noche anterior, Daniel había sobornado a alguien para que difundiera aquellos rumores. El objetivo era sembrar dudas sobre si Rafael estaba vivo o muerto.
Hacer que retiraran las tendencias también formaba parte de la estrategia. Como ni Grupo León ni Grupo Firax respondían, las especulaciones no hacían más que aumentar.
Vanessa asintió y le ordenó:
—Sigue con el plan.
Daniel asintió con seriedad.
—Entendido.
Luego condujo hasta el interior del hospital. En cuanto estacionó, los guardaespaldas se acercaron para proteger a Vanessa mientras bajaba del auto. Los reporteros se abalanzaron sobre ella, pero no consiguieron acercarse. Las preguntas incisivas se sucedían sin descanso.
—Señorita León, ¿son ciertas las noticias sobre el señor Cisneros?
—¿Cómo se encuentra? Es algo que nos preocupa a todos. ¿Podría responder?
—¿Es verdad que el señor Cisneros murió debido a la gravedad de sus heridas? Si solo se trata de un rumor, ¿tomarán medidas contra quienes lo difundieron?

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