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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 76

Capítulo 76 El golpe fue tan fuerte que Alexis cayó al suelo sin poder meter las manos, dejando a Natalia pasmada.

—¡Rafael! ¿Por qué le pegas a tu hermano? —gritó Natalia, aterrada. Se apresuró a ayudarlo a levantarse—. Alexis, ¿estás bien?

—No es nada.

Tenía el labio partido y un hilo de sangre le corría por la comisura. Se puso de pie con ayuda de Natalia y se limpió la cara con el dorso de la mano, mirando a Rafael con furia y confusión.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué me pegas?

—¿Por qué crees?

Rafael se frotó la muñeca y apretó la mandíbula. Su mirada era cortante y todo su cuerpo emanaba furia incontenible.

Alexis no entendía nada. ¿Se había enterado de las inversiones que había hecho últimamente y no estaba de acuerdo? Pero si todas estaban dejando dinero. Entre más lo pensaba, más perdido se sentía.

—Si hice algo que no te gustó, solo dímelo, pero no tenías que llegar a los golpes.

Rafael, con la cara endurecida, caminó hacia él y le dio una patada con todas sus fuerzas en el costado.

El impacto mandó a Alexis a volar; su espalda chocó contra el borde del tocador y se quejó del dolor.

Varios frascos y lociones salieron volando y se estrellaron contra el piso, rompiéndose en pedazos.

Natalia se quedó muda del susto.

—¿Ya te acordaste de la razón? —preguntó Rafael, observándolo con unos ojos que daban miedo.

Alexis se apoyó en el mueble para intentar estabilizarse. El dolor era tan intenso que la cara se le puso roja y las venas del cuello y las manos se le marcaron por el esfuerzo. Alexis dijo con voz rasposa cuando por fin pudo hablar:

—No sé de qué hablas. Por favor, solo dime qué hice.

—¿Todavía no recuerdas? —Rafael se le acercó, imponiendo su presencia de una forma que cortaba la respiración—. Piénsalo bien.

Alexis sintió un escalofrío. Siempre le había tenido terror a Rafael. Aunque solo se llevaban cuatro años, Rafael siempre fue alguien muy maduro; a los dieciocho ya estaba al mando del grupo y lograba que las ganancias subieran un veinte por ciento cada año. Para Alexis, él era su ejemplo a seguir, pero también la sombra que lo opacaba constantemente.

—Todos los proyectos que firmamos están dando ganancias... —intentó explicar Alexis, convencido de que el enojo de Rafael era por algo del trabajo.

—Alexis...

—La has lastimado una y otra vez, ¿no crees que te mereces esto y más? —Rafael entrecerró los ojos y lo miró con desprecio—. Deberías agradecer que eres mi hermano.

Sus palabras llevaban una carga de peligro que hizo que el corazón de Alexis se acelerara.

—No, yo no quería lastimarla —se apresuró a decir —. Lo de esta tarde fue un accidente, no le pegué a propósito.

Natalia intervino para apoyarlo:

—Es cierto. Son hermanos, ¿cómo puedes tratarlo así por Vanessa? Si alguien se entera, van a pensar que tú y ella tienen algo que ver.

—Cállate. —La voz de Rafael fue como un látigo y sus ojos se llenaron de una furia peligrosa—.

Agradece que yo no les pego a las mujeres.

Natalia tembló y cerró la boca, aterrada. Alexis se enderezó y, tragándose su orgullo por el miedo que le tenía a Rafael, bajó el tono de voz.

—En serio no quise pegarle. Bianca fue la que se me fue encima y yo solo me estaba defendiendo; fue un accidente.

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