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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 90

Capítulo 90 Vanessa no quiso seguir preguntando; tenía miedo de que pareciera que se estaba haciendo ilusiones.

Rafael notó que ella esquivaba su mirada y evitaba verlo a los ojos. En voz baja le preguntó:

—¿Por qué te quedaste callada?

Vanessa lo miró apenas un segundo y desvió la mirada mientras negaba con la cabeza.

—No es nada.

Para evitar que él siguiera insistiendo, dijo lo primero que se le vino a la mente:

—Es que Alexis me había dicho que eras así, de esos que consiguen todo lo que se proponen.

Que mencionara a Alexis en ese momento arruinó el ambiente.

La expresión de Rafael se volvió más seria, pero para no asustarla, relajó el gesto y dijo con un tono seco:

—Vaya, parece que te acuerdas muy bien de lo que él te decía.

Vanessa no se dio cuenta de que el ambiente se había puesto tenso y asintió.

—Es que tiene razón. Para mí, en serio eres alguien increíble.

Levantó la mirada y lo miró con sinceridad. Ya no sentía la cara tan caliente, pero todavía tenía un ligero tono rosado en las mejillas que resaltaba en su piel clara.

Rafael se le quedó viendo con intensidad y suspiró.

—Vanessa, a veces en serio eres muy ingenua.

—¿Eh?

Él no le explicó nada, solo estiró la mano para revolverle el cabello con cariño.

—Seguro estás agotada por todo lo de hoy. Ve a descansar un rato.

Su voz era tranquila, de esas que no te dejan saber si está de buenas o de malas, pero que resultan tan atrayentes que era difícil decirle que no.

Vanessa le hizo caso y subió. Se lavó la cara, se cambió de ropa y se acostó a dormir la siesta.

Mientras tanto, Rafael se quedó en el despacho y prendió un cigarrillo.

De pronto, el celular que estaba sobre el escritorio empezó a sonar. Rafael lo miró de reojo, deslizó el dedo por la pantalla para contestar y soltó una nube de humo lentamente.

Era la voz de Leonardo Soto la que se escuchó al otro lado.

—Rafa, ¿en dónde estás?

Luego, empezó a hablar con entusiasmo:

—Revisé los textos de tu chica. No es por nada, pero en serio sabe transmitir emociones, sobre todo con los temas de familia. Te hace sentir que estás ahí...

Leonardo no se iba a callar tan fácil y bromeó:

—Está bien, no pregunto más. Pero ¿sabes cómo te ves ahorita?

Rafael arqueó una ceja, esperando a ver qué tontería decía su amigo.

Leonardo no lo decepcionó:

—Estás todo ilusionado, parece que te enamoraste como si fueras un adolescente.

Rafael arrugó la frente.

*** Durante los días siguientes, Vanessa se quedó en casa escribiendo.

Parecía que la inspiración le sobraba, porque terminó los veinte capítulos que faltaban con facilidad y, al quinto día, se los entregó al productor.

Desde que fue a la residencia de los Cisneros para dejar claro lo de la ruptura, Yolanda no la había vuelto a buscar.

Y como ya había bloqueado a Alexis, no tenía que soportar sus molestias.

Estos días se sentía más ligera que nunca. Aunque el asunto de cancelar el compromiso formalmente todavía no terminaba, sentía que ya había dado un gran paso.

Vanessa estaba en la cocina sirviéndose un vaso con agua, disfrutando de no tener pendientes de trabajo y pensando en qué seguía para terminar con el tema del compromiso.

En ese momento, su celular empezó a sonar: era Yolanda.

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